martes, 29 de octubre de 2013

SOBRE LA IMPUTACIÓN DE CRISTINA DE BORBÓN

Ayer el diario El Mundo publicó una noticia según la cual, Cristina de Borbón y Grecia falsificó un documento con el objeto de evadir fiscalmente 12.000 €, dentro del marco del "Caso Nóos". La noticia es una auténtica bomba informativa por cuanto supone la antesala de la más que probable imputación de la susodicha.

Llevamos casi un año de tiras y aflojas entre la fiscalía y el juez instructor del caso sobre este asunto, en los que hemos podido escuchar todo tipo de argumentaciones a favor y en contra de que la hija de Juan Carlos de Borbón tenga que declarar (como imputada o no) en sede judicial. Algunas de ellas vertidas por la defensa de Diego Torres, el exsocio de Iñaki Urdangarín como, por ejemplo, que si la esposa del Sr. Torres figura como imputada por el mero hecho de aparecer su firma en los documentos de la empresa, por qué no debería estarlo también Cristina. Otras, consideran que debe demostrarse que ésta conocía los tejemanejes que estaba llevando a cabo su cónyuge como paso previo a su imputación.

 

Lo que es incuestionable es que la prudencia y la exigencia exhaustiva de garantías procesales están  presidiendo todos los pasos que se están dando en este intrincado juego ajedrecístico. No es para menos, pues se trata de la hija del Jefe del Estado que, para más señas, es monarca y que, por lo tanto, no puede atajarse la grave crisis institucional que acarrearía su imputación y/o posterior condena con una serie de dimisiones. Si su hija es condenada por la comisión de un delito, la situación en la que queda la institución de la Casa Real es de una delicadeza grotesca. 

A diferencia de lo que sucede con la figura del monarca, que establece el artículo 53.3 de la Constitución española que es inviolable y no sujeta a responsabilidad, no sucede lo mismo con el resto de miembros de su familia. Así pues, Cristina de Borbón no solo sería perfectamente responsable de la comisión de cualquier irregularidad o delito en que hubiera incurrido, sino que además ni siquiera se encuentra sujeta a aforamiento de ningún tipo como sí sucede con parlamentarios o miembros de la Administración de Justicia. 

Precisamente este hecho, que debería facilitar su declaración e hipotética imputación, es decir, que ante la Administración de Justicia se trata de una ciudadana más, es el que está torciendo las leyes y generando tensiones entre distintas facciones del mundo de la justicia y la política. Y es que, sin perjuicio de lo que establezcan las leyes, está resultando patente que no se trata de una ciudadana más. Al menos no para muchos actores de este particular sainete mediático/jurídico en el que nos encontramos.

Así pues, se está generando una paradoja ciertamente curiosa con toda la protección que desde diversas instancias del Estado se ha tratado de brindar a Cristina de Borbón en la tramitación de todo el procedimiento. Esta consiste en que se está evitando por tantos medios su imputación, se está dejando tan claro que solamente podría producirse ésta si se demuestra su relación directa y el conocimiento de los hechos, que en cuanto se produzca será poco menos que imposible no condenarla. 

La primera imputación del juez Castro fue recurrida por la fiscalía y dejada "en suspenso" hasta que no se llevara a cabo una investigación fiscal total por parte de Hacienda sobre las obligaciones tributarias de la infanta. En esas investigaciones exhaustivas provocadas por la propia protección  desplegada por la fiscalía, ha aparecido este documento que compromete enormemente su inocencia. 



Por otra parte, los seguimientos que al parecer están padeciendo tanto el juez instructor como el fiscal del caso, también son contraproducentes contra los intereses de la investigada. Porque independientemente de quien los haya ordenado, generan todo tipo de presiones innecesarias además de que permiten aventurar las hipótesis más inverosímiles sobre la figura que haya dictado la orden de hacerlo. Y, por último, a algunos nos genera la sensación de que, en realidad, se está tratando de evitar que se descubran asuntos más graves todavía que los que se están dilucidando, que no son poca cosa. 

En las próximas semanas, si no días, saldremos de dudas sobre si se imputa o no a Cristina de Borbón. Dudo mucho que entonces la fiscalía vuelva a oponerse a la misma y entonces comenzará el verdadero vía crucis para la Casa Real. 

Pero lo más grave de todo este asunto es que puede acabar afectando a la propia estabilidad del Estado porque si finalmente es declarada culpable de la comisión de un delito, está por ver cuál será la reacción del Jefe del Estado ante el hecho de que su hija y su yerno hayan sido condenados por hacer negocios ilícitos...por ser su hija y su yerno. Será el momento también de preguntarse qué sabía el propio Juan Carlos de Borbón cuando instó a su yerno a que dejara de lado esos negocios, por ejemplo. 

En cualquier caso, todo esto pone de manifiesto que las leyes sobre transparencia e información de nuestro país están completamente obsoletas, sin perjuicio de su reciente promulgación, así como que cuando se realizan esfuerzos descomunales con el objeto de evitar que suceda algo, lo que se acaba propiciando es que eso suceda por la propia inercia de acontecimientos que nosotros mismos hemos generado con nuestras acciones tendentes a evitarlo. 

Los amantes de Jean de la Fontaine deben frotarse las manos al recordar su frase: "Generalmente encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo."


sábado, 10 de agosto de 2013

BERLUSCONI Y BÁRCENAS NO ESTÁN SOLOS

Silvio Berlusconi. El auténtico "Ecce hommo" de la política italiana. Incombustible, polémico, bufón, mediático, escandaloso, provocador, poderoso, corrupto, proxeneta. Se le han asignado todos esos calificativos y muchos más. Pero es indiscutible que este hombre peculiar ha sido el epicentro del terremoto continuo que es la sociedad italiana desde hace más de 20 años.

Ahora afronta una condena firme a 4 años de prisión por fraude fiscal en el "Proceso Mediaset", así como está pendiente de la resolución del recurso por la Corte Suprema italiana de la condena a 7 años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por prostitución de menores y abuso de autoridad en el "Proceso Ruby". Pero "Il Cavaliere", con 76 años, no ingresará en prisión precisamente por su edad, la cual no le impide, paradójicamente, ser primer ministro en su país. 


Berlusconi es el hombre al que te encanta odiar. El monstruo que a todos nos gusta citar cuando queremos ponerle rostro al poder corrupto y desmedido de un dirigente. El ejemplo perfecto de lo que nunca debería ser un político: mentiroso, delincuente, grosero, machista, manipulador. Pero a menudo olvidamos que aún con todo su poder político, económico y mediático, Silvio Berlusconi es tan solo un hombre. Y que para alcanzar las cimas a las que él ha llegado, son necesarios muchos más. Miles. Cientos de miles. Millones.



Efectivamente, el principal agente de todos los males causados por su persona es él mismo, eso es indiscutible. Pero es materialmente imposible que un sujeto pueda conseguir todo lo que él ha acumulado sin la ayuda de otras personas.


La célebre frase de Edmund Burk encaja como anillo al dedo para comprender la trayectoria del ex primer ministro italiano. "Para que el mal triunfe, es necesario que algunos hombres buenos no hagan nada". Aunque en este supuesto, es más correcto afirmar que esos supuestos "hombres buenos" sí han hecho. Más bien diría que su participación ha sido muy activa en el caso de algunos.


Comenzando por los miembros de su coalición política El Pueblo de la Libertad. Naturalmente, Berlusconi no hubiera llegado hasta el gobierno italiano sin un partido (Forza Italia) y una coalición política a su servicio absoluto. Miles de personas, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos trabajando para que su jefe consiguiera el poder y pudiera seguir ejerciéndolo a su particularísima manera. Naturalmente, debemos sumar también a todos aquellos que le han votado en las sucesivas ocasiones que se ha postulado para la presidencia.


Pero, al margen de algo tan obvio como lo apuntado anteriormente, también es conveniente hacer una reflexión respecto a todos aquellos que trabajan o han trabajado en sus medios de comunicación televisados, radiados o escritos. Cada vez que han acatado una orden de no publicar información sensible sobre sus desmanes; cada ocasión que han aceptado desviar la mirada hacia otro lado cuando la actualidad judicial acosaba al "patrone"; siempre que han permitido de manera consciente por acción u omisión que un velo de opacidad se alzara ante los ojos de todos los ciudadanos, estaban coadyuvando a que un sujeto de semejante calado pudiera caminar un paso más en su trayecto hacia el podio de la ignominia. 


Y así podríamos seguir con muchos otros: abogados, asesores fiscales y economistas que prestaban sus conocimientos para dilatar sus procedimientos judiciales; los que suministraban jóvenes ingenuas (o no) para sus bacanales; los que participaban en ellas y un largo etcétera.




Otro tanto sucede con Luís Bárcenas. Quien ha evadido millones de euros a una cuenta en Suiza ha sido él. Pero para que el ex tesorero del Partido Popular haya podido amasar semejante fortuna han sido necesarias muchas más personas. Los que lo sabían y aún sin participar de manera directa, callaban para que no peligraran sus cómodos puestos; los que (presuntamente) recibían su correspondiente sobresueldo y no preguntaban la procedencia del dinero; los que (presuntamente) lo entregaban a cambio de futuras recalificaciones y adjudicaciones de contratos; los que (presuntamente) desde asesorías fiscales y entidades financieras han contribuido a los movimientos de dinero sabiendo de su ilicitud. 


Y es que tendemos a pensar que la corrupción solamente alcanza a quien vemos después en las portadas de diarios y en las condenas de los fallos judiciales. Pero no es cierto. La corrupción implica a muchas más personas. A todo aquel que ante su hedionda presencia ha tenido en su mano hacer algo y la ha escondido o la ha preparado para recibir su correspondiente comisión. Porque quien no pelea ante la corrupción, acaba indefectiblemente formando parte de ella. Pero esos y esas no son visibles ante los ojos de los demás, aunque sí a los de su propia conciencia. 


Lo cual me lleva a pensar que eso explica la increíble solidez entre muchos de sus votantes de determinadas formaciones políticas ante la corrupción que las asola. Quizás porque la conciencia de éstos no les permite culpar o castigar a quienes tan solo son los ejecutores o cabezas visibles de un proceso en el que, de un modo u otro, han participado también. 

Y así, después, todos denigramos la corrupción que asoma en las alcantarillas de nuestra sociedad. Pero muchas veces, la condena conlleva, también, la penitencia propia. 



domingo, 21 de julio de 2013

CUANDO LA NUEVA POLÍTICA ES LA ANTIPOLÍTICA

"Desconfía de aquel que centra todos sus esfuerzos en tratar de convencerte que no es lo que en realidad es." Anónimo.

Cargar contra la política y los políticos, hoy en día, ofrece mucho rédito social. Si alguien desea ver aumentado su prestigio ante los medios de comunicación, en las redes sociales, o entre sus amistades, nada más sencillo que destrozar a un partido político o una persona que se dedica a tal actividad. 

Basta con echar un vistazo a las innumerables columnas, artículos, debates televisivos e invectivas en twitter y facebook contra los principales agentes de las escena política para comprobar que la afirmación es correcta.

Sin duda, nuestros propios errores han contribuido enormemente a generar el caldo de cultivo en el que nos estamos cocinando a fuego lento. Pero hay algo más. Al margen de que los ciudadanos están plenamente legitimados para criticar todo cuanto estimen conveniente, hay toda una algarabía de formaciones políticas que, a través de la crítica al sistema establecido, encuentran su propia manera de hacer política...criticando a la propia política. 


Sí, lo sé. El vocablo "política" acoge infinitas acepciones y, desde luego, son muchas las imperfecciones que asolan al actual sistema político vigente. Pero quiero realizar esta reflexión sobre algunos ejemplos de los que he citado, ya que considero que ilustran perfectamente las tremendas contradicciones del tiempo convulso que vivimos.


Sin ir más lejos, tenemos a la formación UPyD. La gran mayoría de sus propuestas, una vez agotada la lucha contra el terrorismo, se centran en "acabar con los privilegios de los políticos", "para la regeneración democrática", "acabar con el despilfarro" y similares. Nada que objetar, en un principio. Sin embargo, su cofundadora y portavoz en el Congreso de los Diputados, Rosa Díez, personifica muchas de las lacras contra las que dicen combatir desde su formación. 


A saber: a la provecta edad de 61 años, lleva más de 30 ocupando cargos políticos remunerados sin interrupción, salvo el breve lapso transcurrido entre su abandono del escaño europeo en 2007 hasta su elección en el Congreso de los Diputados en marzo de 2008. Algo difícil de conciliar con lo que podría entenderse por "regeneración democrática". Otro ejemplo sería el gasto de 110 millones de pesetas que realizó desde la Consejería de Turismo del Gobierno vasco en 1995, con un séquito de más de 300 personas, en cinco viajes al extranjero. Ello no le impide después criticar el despilfarro que se realiza desde las CCAA y exigir el retorno de sus competencias al Estado. 




En cuanto a su objetivo de acabar con los supuestos privilegios de los políticos, como eurodiputada es beneficiaria de una pensión vitalicia una vez que se haya jubilado. Hasta la fecha, no ha renunciado expresamente a tal prestación. Por último, es preciso recordar que es una de las portavoces de grupo en el Congreso de los Diputados que utiliza coche oficial, pese a que podría renunciar a ello como hacen otros portavoces. 


Naturalmente, Rosa Díez tiene la legitimidad que otorga la democracia para formular todas las propuestas que estime conveniente, independientemente de su coherencia personal o no. Los ciudadanos, a su vez, son completamente libres de votar sus siglas tanto si conocen estos hechos, como si no es así. Pero es una buena muestra de los beneficios que otorga hacer un discurso contra los políticos y el actual sistema político, desde las mismas instituciones políticas e, incluso, yendo en contra absolutamente de los actos propios. UPyD, hasta el momento, sube en las encuestas publicadas en los últimos meses.


Otro ejemplo lo tenemos en Izquierda Unida aunque, en mi opinión, dista un abismo entre la anterior formación y ésta. Aún así, son varias las ocasiones que han formulado propuestas en la Cámara baja para aplicar mecanismos de revocación del cargo si se incumple el programa electoral, pero ello no les ha impedido apoyar diversos recortes en el Parlamento de Extremadura con su abstención en favor del PP, si bien hay que matizar que dicho apoyo se lleva a cabo en contra de la dirección nacional. 


Tampoco el discurso de acotar "privilegios" les es ajeno a ellos. Sin embargo, numerosos ex diputados de formaciones políticas que integran IU son beneficiarios del complemento de pensión que hasta julio de 2011 otorgaban las Cortes Generales a los parlamentarios que, cumpliendo los requisitos, así lo solicitaran. También Izquierda Unida avanza en las encuestas electorales y, en buena medida, gracias a su discurso "regenerador".


Aparte de las dos formaciones citadas, existen muchas otras con menor repercusión social y política que entonan la misma canción, siendo plenamente conscientes de las aparentes posibilidades que ofrece su melodía. He preferido mencionar a UPyD e IU por ser las dos más significativas y que más apoyos concitan de entre las que utilizan estos argumentos. 




Se trata, en definitiva, de algo tan antiguo como la propia política: tratar de recabar el máximo número de apoyos posibles a través de propuestas pretendidamente honradas. Sin embargo, tratar de vestir estas conductas como una nueva forma de hacer las cosas, como el nuevo status quo que debe asentarse en nuestras instituciones y formas de hacer política conlleva un peligroso juego demagógico. Tan solo es necesario que algunos ciudadanos se percaten de la falsedad e hipocresía aparejada con semejantes proclamas como para que todo se desinfle como un globo, añadiendo un peldaño más en el descenso hacia la deslegitimación y la desilusión de los ciudadanos con sus representantes electos.


La credibilidad y la recuperación de la confianza del resto de la población es algo que va aparejado con la transparencia, la información y la participación ciudadana, por una parte, y, especialmente, de algo tan sencillo de enunciar como difícil de acometer a tenor de los hechos y antecedentes: ser coherentes con las propuestas que se formulan y, en el supuesto de no poder llevarlas a cabo, explicar de manera profusa los motivos por los que no ha podido ser ejecutadas.

La solución a esta situación solamente puede venir desde la política y los políticos, entendida ésta como la fórmula democrática que permite mejorar la vida de los sujetos hacia los que debe ir destinada toda su finalidad y éstos, como aquellas personas que se dedican al ejercicio de la misma para dotarla de una realidad en el espacio de lo real. 








martes, 18 de junio de 2013

DE CANDIDAT@S Y CÁNDID@S...

La sucesión en la Secretaría General o las candidaturas en el PSOE es un tema que fascina a propios y extraños. No solamente la militancia recurre a él con insistencia, sino que resulta extremadamente útil para rellenar columnas y páginas de los medios de comunicación de la más diversa condición. 

La cuestión no es para menos, tratándose del partido político más antiguo de España y que más años ha gobernado en etapas democráticas. Además, en la política, siempre han resultado más sugerentes y atractivas las disputas, las confrontaciones belicosas y las especulaciones que las realidades contrastadas. 


Sin embargo, es especialmente interesante presenciar todo el circo mediático que se genera con el asunto desde la arena o entre bastidores, que no desde las gradas del público. Así, uno puede comprobar cuan acertadas o erróneas son algunas de las apreciaciones o creencias sobre determinad@s candidat@s, propiciadas por los más diversos motivos: amistades personales de los que firman el texto sobre la persona en cuestión; reflexiones acertadas fruto del conocimiento real de la situación; ensoñaciones y flores de un día al calor de los acontecimientos más recientes; promociones teledirigidas corporativamente con intereses espurios...y así hasta mencionar un sinfín más. 


Naturalmente, soy consciente de la subjetividad que emanan estas líneas y que yo tampoco me hallo en posesión de la verdad absoluta. Tanto como que sin la obviedad que menciono resulta absurdo también escribir tu propio blog. Pero es evidente que el hecho de conocer en persona  a prácticamente todos los nombres que se citan en tertulias, columnas, redes sociales y demás, añade ese plus de interés que mencionaba en el párrafo anterior y que ha motivado que escriba este nuevo apunte en pocos días desde el último, tras un periodo de cierta pasividad. 



Ahora mismo, al parecer, se trata de dar con el "perfil" adecuado. Y así, tod@s pontificamos sobre si éste o aquella tienen o no el "perfil adecuado" para ostentar las responsabilidades más altas. Es redundante enumerar aquí las condiciones que debería requerir el citado perfil puesto que son de sobras conocidas, al margen de variadas en función de la fuente que se consulte. Pero sí quiero poner de manifiesto mi escepticismo sobre lo que parecen algunos dogmas asentados entre muchos, en función de lo que he escuchado o leído.


En primer lugar, las encuestas de valoración personal constituyen el paradigma de la futilidad. Se supone que aquellos políticos mejor valorados por los ciudadanos, pueden ser "buenos candidatos", porque reúnen los requisitos que la masa social considera más oportunos. En el año 2010, Alfredo Pérez Rubalcaba no solamente era el político mejor valorado por los ciudadanos, sino que los propios socialistas aprobábamos su ascenso a la vicepresidencia del Gobierno con un 93% de respaldo. 

Un año después, en noviembre de 2011, seguía siendo la misma persona que en 2010. Pero su valoración había caído por los suelos junto con la del PSOE. En consecuencia, los ciudadanos no valoran en realidad, ni antes ni ahora, su capacidad intelectual, el trabajo llevado a cabo en las áreas de responsabilidad que ha tenido en su carrera o su experiencia, las cuales son, sin duda, muy a tener en cuenta si se trata de calibrar a un candidato, en mi opinión.

Al parecer lo que importa, lo que realmente se valora es "el momento". Y ahora, muchos dicen que este perfil ya no es válido porque lleva muchos años en la política y ha formado parte de la toma de decisiones que nos ha llevado a la actual situación. 


Luego, parece ser que el/la candidat@ idóne@ debería ser alguien "nuevo", que no haya tenido responsabilidades de gobierno y que sea capaz de "conectar" con la gente.


Eso conduce al segundo lugar. Son tantas las veces que cuando alguien ha preguntado mi opinión sobre compañer@s del partido en "ascenso" he respondido: "deberías conocerlo/la personalmente". En sentido positivo y negativo. Porque, en muchas ocasiones, quienes ofrecen una imagen de frialdad o seriedad ocultan otras virtudes como su inteligencia o su profundidad discursiva. Por eso resulta complicado juzgar y valorar a las personas por imágenes vertidas en los medios y las RRSS. Son tan sólo ventanas que permiten ver una parte de la casa, pero no su interior completo. Y quienes conocemos a esas personas muchas veces nos lamentamos de que los medios no se hayan fijado con más atención en los mismos, porque quizás nos estaremos perdiendo a estupend@s futur@s gobernantes que no tienen la fotogenia suficiente o un apoyo orgánico/mediático detrás que los promocione.



Del mismo modo que también existen perfiles que parecen encandilar a las bases y los medios, pero que generan mucho menos entusiasmo cuando preguntas a otras personas que, al igual que tú, los han conocido de manera personal. Así pues, te preguntas si puede llegar a presidir el país o el partido esa persona absolutamente incapaz de mostrar la más mínima empatía con una parte importante de los compañer@s que le rodean, pero que sin embargo aparece ante las cámaras y los micrófonos con una actitud completamente distinta a la que muestra cuando se trata de escuchar, ayudar o relacionarse con las personas de su entorno cotidiano. 

Los dos casos que cito serían aplicables, según mi opinión y la de much@s otr@s compañer@s, en uno y otro sentido a personas que ahora mismo comparten responsabilidades en el ejercicio de la política.

Hace tiempo que dejé de creer en los liderazgos mesiánicos y en los candidatos infalibles. Creo que cualquiera que lleve el tiempo suficiente en el ejercicio de la política, llega a la misma conclusión. Pero sí he podido observar que quienes hoy nos pueden encandilar mañana serán ignorados y a la inversa.

Cuando llegué al Congreso de los Diputados, fueron muchos quienes me dijeron que el propio Zapatero había sido un diputado respetado pero discreto hasta unos meses antes de su candidatura a la Secretaría General del partido. Después su liderazgo fue indiscutido durante mucho tiempo. Del mismo modo, alguien que no pareció gozar de la simpatía de las bases en su día como Joaquín Almunia, se me aseguró que era una mente privilegiada y una de las personas más capaces que habían pasado por el hemiciclo. En consecuencia, mi visión no coincidía en absoluto con la de aquellos que sí los habían podido conocer de una forma más cercana y fue lo que hizo que mis alarmas saltaran de inmediato.


Precisamente por ese motivo, cuando leo y escucho los nombres que se citan sonrío en algunas ocasiones pensando la distorsión que genera la distancia sobre la imagen de una persona, para bien y para mal. Y pienso también en cuánt@s desconocid@s para la mayor parte de los ciudadanos serían magnífic@s candidat@s; y en algunos, menos, siendo bastante más conocidos por los ciudadanos mediáticamente, son en realidad, completamente desconocidos de manera real por ellos y me hacen pensar en la candidez y la buena fe que muchas veces todos irradiamos cuando hablamos con fervor de ese político, esa deportista, ese cantante o esa presentadora sobre la que tan poco sabemos y tanto creemos saber. 


En consecuencia, la elección de una persona para dirigir un partido o un país es algo complicado, que merece la pena reflexionar de manera concienzuda y haciendo un ejercicio de investigación sobre la trayectoria y otros aspectos menos relacionados con la política del candidato o candidata en concreto. Hoy en día la tecnología permite conocer las intervenciones de casi tod@s l@s polític@s de manera extensa, así como sus perfiles en las RRSS ofrecen datos que, aunque siempre insuficientes, aportan más información sobre el nombre en cuestión.

Con un poco de esfuerzo y sin conformarnos con el mínimo que supone aceptar la imagen que desde los medios y los aparatos de los partidos se genera, puede obtenerse mucho más de lo que pensamos. 

Corren nuevos tiempos. Debe haber políticos renovados, cierto. Pero también electores renovados. 





jueves, 13 de junio de 2013

Carta al compañero Joaquín Almunia.

Querido Joaquín,


No nos conocemos. O, al menos, estoy seguro de que no tienes constancia de mi existencia aunque haya estrechado tu mano en un par de ocasiones. Sin embargo comparto contigo militancia en el Partido Socialista Obrero Español y en la supuesta defensa de las ideas que se asocian al mismo.


El motivo por el que te escribo esta misiva es mostrarte mi preocupación y confusión ante lo que son las palabras de una persona a la que admiro y respeto enormemente desde el plano intelectual y político. 

Sé que eres un hombre que has luchado desde hace más de cuatro décadas por los derechos de los más débiles; por implantar una sociedad en la que todas las personas tuviéramos oportunidades de prosperar en ella sin que nuestro patrimonio económico y/o familiar fuera un elemento diferenciador decisivo; por la instauración y asentamiento de la democracia en nuestro país. Por todo ello mereces, como decía, admiración y respeto.


Sin embargo, en ocasiones, especialmente en los últimos años, no acabo de reconocer en las palabras que se te atribuyen al luchador incansable que tanto ha dado por los valores del socialismo democrático. Es probable que esta apreciación se deba a una errónea comprensión por mi parte de los acontecimientos, ya que tu experiencia, preparación y sabiduría superan, con mucho, las mías. Es posible que el mensaje de tus palabras me llegue distorsionado a través de la distancia que separa Bruselas de Madrid y de la aún mayor que separa a los medios de comunicación de los políticos. Pero lo cierto es que muchas de tus afirmaciones me han dejado perplejo en estos tiempos.




Dentro de tu extenso y formidable currículum se encuentra tu condición de Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios desde el 24 de abril de 2004 al 10 de febrero de 2010. Es decir, el máximo responsable en materia económica de la Unión Europea, un cargo que considero nada desdeñable. Por otra parte, desde el pasado 10 de febrero de 2010 ocupas la Vicepresidencia de la Comisión Europea y eres Comisario Europeo de la Competencia. Se trata, sin duda, de ocupaciones que se encuentran a la altura de quien las ostenta. 


Pero precisamente por ese motivo, porque considero que tú, que militas en el partido socialista y eres historia viva del mismo, tu consideración de que el rescate de Chipre estaba justificado y que "de alguna forma, los ciudadanos tienen que contribuir a rescatar entidades financieras", me parece de difícil encaje desde una perspectiva socialista. 

Afirmas que el caso de Chipre es excepcional porque se trata de un paraíso fiscal. Forma parte de la UE desde 2004, exactamente el año a partir del que tú comienzas a ejercer tus funciones como Comisario de Economía. Y quizás se deba a que excedía de tus funciones cierto control de la economía, ejercicios financieros y fiscalidad de los países miembros, lo desconozco, sinceramente, pero también desconozco que durante todos estos años hayas realizado algún esfuerzo por combatir la existencia de paraísos fiscales no ya en el mundo, sino en el seno de la propia UE. Sabes perfectamente que los mismos son contrarios a toda solidaridad y esfuerzo fiscal para los países de su entorno. 


Porque, con todo el respeto que soy capaz de atesorar para decirte esto, de un socialista que tiene tamaña responsabilidad, espero muchísimo más que únicamente se dedique a vociferar los dictados de carácter neoliberal de una Comisión Europea marcadamente conservadora. Espero propuestas e ideas alternativas que permitan la salvaguarda de los derechos de los  ciudadanos y no de las finanzas que finalmente resultan protegidas. 

Otro tanto debo señalarte respecto a tus declaraciones sobre la reforma de las pensiones. Comprendo perfectamente tu preocupación por la sostenibilidad de nuestro sistema, pero las medidas que parecen dictarse desde el ámbito europeo hablan exclusivamente de un aumento de la edad de jubilación y de una nueva definición de ese índice de sostenibilidad. Nada he escuchado por tu parte respecto a que deben aumentarse las ayudas para fomentar el empleo joven desde la propia UE como medida para fomentar el aumento de las cotizaciones a la Seguridad Social que permitan esa sostenibilidad ya mencionada. Más bien he comprobado que han tenido que solicitarlas otros  socialistas en tu presencia sin que todavía conozca cuál es tu posicionamiento al respecto. 





Siento decirte que también me decepcionan tus palabras respecto a las preferentes. No porque no tengas razón al afirmar que otros europeos no tienen el deber de pagar los errores de las entidades crediticias españolas, pero sí porque sostienes que si debe compensarse a los ciudadanos que han sido afectados por las estafas bancarias, el dinero debe salir del propio Gobierno español. ¿Desde cuándo eres partidario de socializar pérdidas de sectores financieros? 


Pienso que, al parecer, quedan lejos los tiempos en los que en tus debates en el Congreso de los Diputados como ministro de Trabajo y Seguridad Social buscabas las fórmulas para garantizar la continuidad del sistema pero no a costa de la pérdida de poder adquisitivo de los pensionistas. Puedes afirmar en tu defensa, y con razón, que los tiempos han cambiado, pero precisamente por eso de quien ostenta tan altas responsabilidades espero que comprenda también que han cambiado los modos, pero no los objetivos. Y esos son los que pareces haber perdido por el camino que lleva hacia Bruselas. 


También reflexiono y me pregunto si lo que sucede es que, sencillamente, has dejado de creer en el socialismo democrático como solución a las desigualdades y abusos del sistema. Es perfectamente posible que así sea y estarías en tu derecho de hacerlo. O que, dentro de tu alto concepto de la responsabilidad, pienses que se anteponen tus deberes de Comisario de todos los europeos y no de todos los socialistas.

Pero entonces pienso que si los políticos únicamente estamos en nuestros puestos para trabajar con criterios técnicos y no políticos, no hay democracia que valga, porque esta se sustenta desde la divergencia ideológica, el debate de ideas y la puesta en práctica de las mismas. No siguiendo los dictados de grupos de intereses cuyo único fin responde a un mandato económico y no social. 

Sé que jamás llegarás a leer estas líneas y que no tendremos ocasión de discutir sobre las mismas. De que puedas decirme en qué aspectos me equivoco (en muchos, supongo) y qué informaciones me faltan para poder tener una visión más correcta sobre esta cuestión. Pero, en cierto modo, te debo como socialista que lucha por un mundo mejor y más justo una reflexión en voz alta como la que figura en este espacio. Fuisteis personas como tú las que consiguieron con sus logros que otras como yo nos dedicáramos a la lucha de las ideas a través del ejercicio democrático. No querría pensar que la influencia de tus palabras actuales que cito ejerciera el mismo efecto en sentido contrario.


Con afecto, en Palma a 13 de junio de 2014.


jueves, 14 de febrero de 2013

TENGAS PLEITOS Y LOS GANES

En un episodio de Los Simpson, Homer acude a un restaurante que se publicita con un lema más o menos asi: "Coma todo lo que quiera hasta que no pueda más". Su insondable estómago enguye todo cuanto le presentan, así que el dueño del restaurante no tiene más remedio que sacarlo a la calle. Indignado (antes del 15-M), acude a un abogado, Lionel Hutz, el cual una vez que conoce los hechos exclama con los ojos chisporroteando: "Dios mío, es el caso de publicidad fraudulenta más claro que conozco desde la publicación de "La historia interminable!!!".


Este chiste es muy ilustrativo sobre cuál es la visión que se tiene en EEUU de los abogados: nefasta. Aquí en España, pese a que sigue citándose como una de las profesiones ejemplares junto con la de médico, tampoco es que gocemos de una reputación excelente. En cierto modo lo comprendo. Ser demandado o interrogado por un abogado no es agradable. Las minutas que presentamos en muchas ocasiones, tampoco es que ayuden a que estemos presentes en las oraciones de muchas personas.


Todo esto, unido a mi condición de político y rockero supongo que me convierte en una suerte de híbrido entre BelcebúBokassa y Pol Pot para algunos. 


Sin embargo, a muchos les sorprendería saber que trabajamos en muchísimas ocasiones por cuestiones éticas sin recibir un solo euro por nuestra labor y que el nivel de impagos que tenemos por los asuntos que llevamos, supera en ocasiones el de los clientes que acuden a nosotros por el mismo motivo.


Hoy, que cumplo diez años de ejercicio formal como abogado, quiero compartir con los lectores algunas de las anécdotas más curiosas que me han sucedido durante este tiempo y así poder evadir un poco el escenario político.


Uno de los asuntos que recuerdo con especial  cariño es el de un chico que había sido denunciado por la policía por resistencia a la autoridad. Le habían dado el alto por llevar el foco de su ciclomotor apagado y, asustado, decidió no detenerse. Los agentes lo persiguieron hasta que dieron con él y recibió una buena tunda, además de pasar la noche en el calabozo. Fue denunciado como medida de autoprotección en una práctica que viene siendo habitual lamentablemente en este tipo de situaciones.


Cuando tuvo que declarar ante la juez, explicó lo sucedido. "Señora (sic), yo me paré y se me acerco ése (señalando al agente) me cogió la cabeza y comenzó a hacer así (simula tener algo entre las manos y moviendo su rodilla derecha hacia éstas): waka, waka, waka!". Ante nuestra atónita mirada nos depara una escena en la que simula golpear a alguien con su rodilla en la cabeza, onomatopeya incluida. La cara de la juez es indescriptible. Desconozco si por contener la risa, por indignación ante la brutalidad narrada o ambas. 

El testimonio de la novia del denunciado y de una vecina que presenció los hechos, junto con otras argumentaciones de carácter jurídico sirvieron para que se le absolviera de la falta de la que se le acusaba. Sobre incoar un procedimiento contra el agente agresor, nada. Así son las cosas.   


Otro asunto, esta vez en Madrid. Asisto a un hombre acusado de haber lanzado disparos al aire y una de las balas, fortuitamente, impacta sobre la pierna de un mecánico rumano que estaba trabajando en su taller a unos metros del lugar. Viene a buscarme al aeropuerto el cuñado de mi patrocinado. El coche, con un disparo de bala en el cristal delantero. Ante mis ojos desorbitados el chico, que no tiene carné de conducir, me comenta: "Es que utilizo este durante el día porque si llevo el otro, la poli me para siempre." El otro: un BMW 330D. "Te lo vendo!" me ofrece en cuanto le pregunto por el vehículo en cuestión. Declino amablemente la oferta.

Cuando visito a mi cliente en prisión el día antes del juicio, compruebo que Javier Gómez de Liaño está sentado en la cabina contigua. Mantiene una conversación con Mario Conde. Ante mi sorpresa me indica: "Es amigo mío. Nada más ingresar en prisión, vino a saludarme diciéndome que conocía a mi familia". Tras preparar la vista de la mañana siguiente, salgo de la cárcel y dos F-18 sobrevuelan el cielo de Madrid a toda velocidad. No tiene nada que ver con el ejercicio de la abogacía, desde luego, pero queda taaaaan bien comentarlo...


Finalmente llegamos a un acuerdo con el fiscal y se le condenó a dos años de prisión. Al no tener antecedentes, le concedieron la libertad condicional por suspensión de condena. 


Claro que no todo siempre sucede en vísperas de juicios o durante la celebración de éstos. A veces son las paredes del propio despacho las que deparan los momentos más extraños y ridículos.


Recuerdo un día estar sentado en mi escritorio, cuando entra de repente una mujer sin llamar a mi puerta. Eran las 16.00 y yo me encontraba solo en el despacho porque no había llegado nadie todavía. Sorprendido por la aparación me pregunta, aceleradísima: "¿Eres abogado, eres abogado?". "". "Tengo que pedirle un favor, ¿puede poner esto en su ordenador?" Me entrega un CD y al preguntarle de qué se trata me señala que es clienta de un compañero de oficina, y que es una prueba. No es extraño de vez en cuando atender peticiones semejantes mientras el cliente espera al compañero de turno, así que accedo.


Lo primero que me sorprende es que no se trata de imágenes o documento, sino pistas de audio. "Serán conversaciones grabadas", pienso. Me pide que ejecute la pista cuatro y tras unos segundos de silencio, comienzo a escuchar un murmullo de muchedumbre. Al poco, comienza una canción de un conocidísimo grupo de pop español. Todavía desconcertado miro a los ojos de la mujer y con la misma ansiedad que hace unos minutos, pregunta: "Escuche ahora: ¿Qué dice aquí, qué dice aquí?". Empiezo a pensar que se trata de una broma y repaso con la mirada el contorno de la puerta de mi despacho por si se oculta alguien más. Pero no. Así que ya decidido a averiguar a dónde me llevará esto, le cito textualmente la frase que he escuchado. Grita "¡Lo sabía, lo sabía! ¡Yo tenía razón y ese cabrón quería engañarme!", sus palabras pronunciadas con un tono victorioso me sitúan en Marte de manera definitiva. "Es que hay un amigo que dice que en este momento la letra dice "..............."".


En ese momento alguien camina por el pasillo y aparece mi compañero y abogado de la guardiana de las esencias musicales del grupo en cuestión. Tras otear mi mirada me contesta con la suya que luego me explicará y se la lleva a su despacho. Cuando se trata con personas con serios trastornos psiquiátricos que no han tomado su medicación, pueden suceder estas cosas.


Estas son algunas de las pequeñas historias que me vienen a la cabeza cuando recuerdo los inicios de mi profesión. Una profesión que bien ejercida, con principios basados en el respeto a las personas que formen parte del procedimiento, honestidad y pasión, es la mejor profesión del mundo. ¿A quién no le gusta solucionar problemas a otras personas y, además, cobrar por ello (no siempre)?

De entre las miles de frases que circulan sobre nosotros, algunas de ellas conocidísimas, otras no tanto, quiero cerrar este texto con una que me parece particularmente interesante:

"Los abogados son como las tormentas. Impredecibles en cuanto a resultados, pero necesarios para nuestra naturaleza."