jueves, 13 de junio de 2013

Carta al compañero Joaquín Almunia.

Querido Joaquín,


No nos conocemos. O, al menos, estoy seguro de que no tienes constancia de mi existencia aunque haya estrechado tu mano en un par de ocasiones. Sin embargo comparto contigo militancia en el Partido Socialista Obrero Español y en la supuesta defensa de las ideas que se asocian al mismo.


El motivo por el que te escribo esta misiva es mostrarte mi preocupación y confusión ante lo que son las palabras de una persona a la que admiro y respeto enormemente desde el plano intelectual y político. 

Sé que eres un hombre que has luchado desde hace más de cuatro décadas por los derechos de los más débiles; por implantar una sociedad en la que todas las personas tuviéramos oportunidades de prosperar en ella sin que nuestro patrimonio económico y/o familiar fuera un elemento diferenciador decisivo; por la instauración y asentamiento de la democracia en nuestro país. Por todo ello mereces, como decía, admiración y respeto.


Sin embargo, en ocasiones, especialmente en los últimos años, no acabo de reconocer en las palabras que se te atribuyen al luchador incansable que tanto ha dado por los valores del socialismo democrático. Es probable que esta apreciación se deba a una errónea comprensión por mi parte de los acontecimientos, ya que tu experiencia, preparación y sabiduría superan, con mucho, las mías. Es posible que el mensaje de tus palabras me llegue distorsionado a través de la distancia que separa Bruselas de Madrid y de la aún mayor que separa a los medios de comunicación de los políticos. Pero lo cierto es que muchas de tus afirmaciones me han dejado perplejo en estos tiempos.




Dentro de tu extenso y formidable currículum se encuentra tu condición de Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios desde el 24 de abril de 2004 al 10 de febrero de 2010. Es decir, el máximo responsable en materia económica de la Unión Europea, un cargo que considero nada desdeñable. Por otra parte, desde el pasado 10 de febrero de 2010 ocupas la Vicepresidencia de la Comisión Europea y eres Comisario Europeo de la Competencia. Se trata, sin duda, de ocupaciones que se encuentran a la altura de quien las ostenta. 


Pero precisamente por ese motivo, porque considero que tú, que militas en el partido socialista y eres historia viva del mismo, tu consideración de que el rescate de Chipre estaba justificado y que "de alguna forma, los ciudadanos tienen que contribuir a rescatar entidades financieras", me parece de difícil encaje desde una perspectiva socialista. 

Afirmas que el caso de Chipre es excepcional porque se trata de un paraíso fiscal. Forma parte de la UE desde 2004, exactamente el año a partir del que tú comienzas a ejercer tus funciones como Comisario de Economía. Y quizás se deba a que excedía de tus funciones cierto control de la economía, ejercicios financieros y fiscalidad de los países miembros, lo desconozco, sinceramente, pero también desconozco que durante todos estos años hayas realizado algún esfuerzo por combatir la existencia de paraísos fiscales no ya en el mundo, sino en el seno de la propia UE. Sabes perfectamente que los mismos son contrarios a toda solidaridad y esfuerzo fiscal para los países de su entorno. 


Porque, con todo el respeto que soy capaz de atesorar para decirte esto, de un socialista que tiene tamaña responsabilidad, espero muchísimo más que únicamente se dedique a vociferar los dictados de carácter neoliberal de una Comisión Europea marcadamente conservadora. Espero propuestas e ideas alternativas que permitan la salvaguarda de los derechos de los  ciudadanos y no de las finanzas que finalmente resultan protegidas. 

Otro tanto debo señalarte respecto a tus declaraciones sobre la reforma de las pensiones. Comprendo perfectamente tu preocupación por la sostenibilidad de nuestro sistema, pero las medidas que parecen dictarse desde el ámbito europeo hablan exclusivamente de un aumento de la edad de jubilación y de una nueva definición de ese índice de sostenibilidad. Nada he escuchado por tu parte respecto a que deben aumentarse las ayudas para fomentar el empleo joven desde la propia UE como medida para fomentar el aumento de las cotizaciones a la Seguridad Social que permitan esa sostenibilidad ya mencionada. Más bien he comprobado que han tenido que solicitarlas otros  socialistas en tu presencia sin que todavía conozca cuál es tu posicionamiento al respecto. 





Siento decirte que también me decepcionan tus palabras respecto a las preferentes. No porque no tengas razón al afirmar que otros europeos no tienen el deber de pagar los errores de las entidades crediticias españolas, pero sí porque sostienes que si debe compensarse a los ciudadanos que han sido afectados por las estafas bancarias, el dinero debe salir del propio Gobierno español. ¿Desde cuándo eres partidario de socializar pérdidas de sectores financieros? 


Pienso que, al parecer, quedan lejos los tiempos en los que en tus debates en el Congreso de los Diputados como ministro de Trabajo y Seguridad Social buscabas las fórmulas para garantizar la continuidad del sistema pero no a costa de la pérdida de poder adquisitivo de los pensionistas. Puedes afirmar en tu defensa, y con razón, que los tiempos han cambiado, pero precisamente por eso de quien ostenta tan altas responsabilidades espero que comprenda también que han cambiado los modos, pero no los objetivos. Y esos son los que pareces haber perdido por el camino que lleva hacia Bruselas. 


También reflexiono y me pregunto si lo que sucede es que, sencillamente, has dejado de creer en el socialismo democrático como solución a las desigualdades y abusos del sistema. Es perfectamente posible que así sea y estarías en tu derecho de hacerlo. O que, dentro de tu alto concepto de la responsabilidad, pienses que se anteponen tus deberes de Comisario de todos los europeos y no de todos los socialistas.

Pero entonces pienso que si los políticos únicamente estamos en nuestros puestos para trabajar con criterios técnicos y no políticos, no hay democracia que valga, porque esta se sustenta desde la divergencia ideológica, el debate de ideas y la puesta en práctica de las mismas. No siguiendo los dictados de grupos de intereses cuyo único fin responde a un mandato económico y no social. 

Sé que jamás llegarás a leer estas líneas y que no tendremos ocasión de discutir sobre las mismas. De que puedas decirme en qué aspectos me equivoco (en muchos, supongo) y qué informaciones me faltan para poder tener una visión más correcta sobre esta cuestión. Pero, en cierto modo, te debo como socialista que lucha por un mundo mejor y más justo una reflexión en voz alta como la que figura en este espacio. Fuisteis personas como tú las que consiguieron con sus logros que otras como yo nos dedicáramos a la lucha de las ideas a través del ejercicio democrático. No querría pensar que la influencia de tus palabras actuales que cito ejerciera el mismo efecto en sentido contrario.


Con afecto, en Palma a 13 de junio de 2014.


jueves, 14 de febrero de 2013

TENGAS PLEITOS Y LOS GANES

En un episodio de Los Simpson, Homer acude a un restaurante que se publicita con un lema más o menos asi: "Coma todo lo que quiera hasta que no pueda más". Su insondable estómago enguye todo cuanto le presentan, así que el dueño del restaurante no tiene más remedio que sacarlo a la calle. Indignado (antes del 15-M), acude a un abogado, Lionel Hutz, el cual una vez que conoce los hechos exclama con los ojos chisporroteando: "Dios mío, es el caso de publicidad fraudulenta más claro que conozco desde la publicación de "La historia interminable!!!".


Este chiste es muy ilustrativo sobre cuál es la visión que se tiene en EEUU de los abogados: nefasta. Aquí en España, pese a que sigue citándose como una de las profesiones ejemplares junto con la de médico, tampoco es que gocemos de una reputación excelente. En cierto modo lo comprendo. Ser demandado o interrogado por un abogado no es agradable. Las minutas que presentamos en muchas ocasiones, tampoco es que ayuden a que estemos presentes en las oraciones de muchas personas.


Todo esto, unido a mi condición de político y rockero supongo que me convierte en una suerte de híbrido entre BelcebúBokassa y Pol Pot para algunos. 


Sin embargo, a muchos les sorprendería saber que trabajamos en muchísimas ocasiones por cuestiones éticas sin recibir un solo euro por nuestra labor y que el nivel de impagos que tenemos por los asuntos que llevamos, supera en ocasiones el de los clientes que acuden a nosotros por el mismo motivo.


Hoy, que cumplo diez años de ejercicio formal como abogado, quiero compartir con los lectores algunas de las anécdotas más curiosas que me han sucedido durante este tiempo y así poder evadir un poco el escenario político.


Uno de los asuntos que recuerdo con especial  cariño es el de un chico que había sido denunciado por la policía por resistencia a la autoridad. Le habían dado el alto por llevar el foco de su ciclomotor apagado y, asustado, decidió no detenerse. Los agentes lo persiguieron hasta que dieron con él y recibió una buena tunda, además de pasar la noche en el calabozo. Fue denunciado como medida de autoprotección en una práctica que viene siendo habitual lamentablemente en este tipo de situaciones.


Cuando tuvo que declarar ante la juez, explicó lo sucedido. "Señora (sic), yo me paré y se me acerco ése (señalando al agente) me cogió la cabeza y comenzó a hacer así (simula tener algo entre las manos y moviendo su rodilla derecha hacia éstas): waka, waka, waka!". Ante nuestra atónita mirada nos depara una escena en la que simula golpear a alguien con su rodilla en la cabeza, onomatopeya incluida. La cara de la juez es indescriptible. Desconozco si por contener la risa, por indignación ante la brutalidad narrada o ambas. 

El testimonio de la novia del denunciado y de una vecina que presenció los hechos, junto con otras argumentaciones de carácter jurídico sirvieron para que se le absolviera de la falta de la que se le acusaba. Sobre incoar un procedimiento contra el agente agresor, nada. Así son las cosas.   


Otro asunto, esta vez en Madrid. Asisto a un hombre acusado de haber lanzado disparos al aire y una de las balas, fortuitamente, impacta sobre la pierna de un mecánico rumano que estaba trabajando en su taller a unos metros del lugar. Viene a buscarme al aeropuerto el cuñado de mi patrocinado. El coche, con un disparo de bala en el cristal delantero. Ante mis ojos desorbitados el chico, que no tiene carné de conducir, me comenta: "Es que utilizo este durante el día porque si llevo el otro, la poli me para siempre." El otro: un BMW 330D. "Te lo vendo!" me ofrece en cuanto le pregunto por el vehículo en cuestión. Declino amablemente la oferta.

Cuando visito a mi cliente en prisión el día antes del juicio, compruebo que Javier Gómez de Liaño está sentado en la cabina contigua. Mantiene una conversación con Mario Conde. Ante mi sorpresa me indica: "Es amigo mío. Nada más ingresar en prisión, vino a saludarme diciéndome que conocía a mi familia". Tras preparar la vista de la mañana siguiente, salgo de la cárcel y dos F-18 sobrevuelan el cielo de Madrid a toda velocidad. No tiene nada que ver con el ejercicio de la abogacía, desde luego, pero queda taaaaan bien comentarlo...


Finalmente llegamos a un acuerdo con el fiscal y se le condenó a dos años de prisión. Al no tener antecedentes, le concedieron la libertad condicional por suspensión de condena. 


Claro que no todo siempre sucede en vísperas de juicios o durante la celebración de éstos. A veces son las paredes del propio despacho las que deparan los momentos más extraños y ridículos.


Recuerdo un día estar sentado en mi escritorio, cuando entra de repente una mujer sin llamar a mi puerta. Eran las 16.00 y yo me encontraba solo en el despacho porque no había llegado nadie todavía. Sorprendido por la aparación me pregunta, aceleradísima: "¿Eres abogado, eres abogado?". "". "Tengo que pedirle un favor, ¿puede poner esto en su ordenador?" Me entrega un CD y al preguntarle de qué se trata me señala que es clienta de un compañero de oficina, y que es una prueba. No es extraño de vez en cuando atender peticiones semejantes mientras el cliente espera al compañero de turno, así que accedo.


Lo primero que me sorprende es que no se trata de imágenes o documento, sino pistas de audio. "Serán conversaciones grabadas", pienso. Me pide que ejecute la pista cuatro y tras unos segundos de silencio, comienzo a escuchar un murmullo de muchedumbre. Al poco, comienza una canción de un conocidísimo grupo de pop español. Todavía desconcertado miro a los ojos de la mujer y con la misma ansiedad que hace unos minutos, pregunta: "Escuche ahora: ¿Qué dice aquí, qué dice aquí?". Empiezo a pensar que se trata de una broma y repaso con la mirada el contorno de la puerta de mi despacho por si se oculta alguien más. Pero no. Así que ya decidido a averiguar a dónde me llevará esto, le cito textualmente la frase que he escuchado. Grita "¡Lo sabía, lo sabía! ¡Yo tenía razón y ese cabrón quería engañarme!", sus palabras pronunciadas con un tono victorioso me sitúan en Marte de manera definitiva. "Es que hay un amigo que dice que en este momento la letra dice "..............."".


En ese momento alguien camina por el pasillo y aparece mi compañero y abogado de la guardiana de las esencias musicales del grupo en cuestión. Tras otear mi mirada me contesta con la suya que luego me explicará y se la lleva a su despacho. Cuando se trata con personas con serios trastornos psiquiátricos que no han tomado su medicación, pueden suceder estas cosas.


Estas son algunas de las pequeñas historias que me vienen a la cabeza cuando recuerdo los inicios de mi profesión. Una profesión que bien ejercida, con principios basados en el respeto a las personas que formen parte del procedimiento, honestidad y pasión, es la mejor profesión del mundo. ¿A quién no le gusta solucionar problemas a otras personas y, además, cobrar por ello (no siempre)?

De entre las miles de frases que circulan sobre nosotros, algunas de ellas conocidísimas, otras no tanto, quiero cerrar este texto con una que me parece particularmente interesante:

"Los abogados son como las tormentas. Impredecibles en cuanto a resultados, pero necesarios para nuestra naturaleza."

miércoles, 2 de enero de 2013

EUROPA COMO HORIZONTE Y SOLUCIÓN

Creo recordar que hace unos meses Felipe González manifestaba en una entrevista que el Gobierno de España solamente tenía capacidad para solucionar un 20% de la crisis que afecta a nuestro país. El 80% restante correspondía a Europa e/o instituciones globales. Sin valorar las cifras porcentuales aventuradas por Felipe, coincido absolutamente en su análisis: el margen de maniobra de España o cualquier otro país de la UE para combatir los problemas derivados de la economía está muy limitado en la actualidad.


Las causas son diversas y complejas. Sin pretender realizar una enumeración exahustiva, ni mucho menos, podemos citar que la pérdida de soberanía económica y fiscal venía de serie desde el momento en que comenzamos a formar parte de la, en aquel entonces, CEE. La globalización de la economía ha incidido también sin ninguna duda, así como el sobredimensionamiento de los mercados financieros que han conseguido el desplazamiento de la toma de decisiones en su materia hacía ámbitos extraparlamentarios.


Esto no comporta que por parte del Gobierno español no se pueda o deba hacer nada. Al contrario. Los numerosos recortes en derechos, prestaciones sociales, sanidad y educación son el mejor ejemplo de que las políticas nacionales todavía afectan enormemente a las vidas cotidianas de los ciudadanos. Pero también es cierto que una gran parte de esas políticas son dictadas desde los epicentros políticos europeos y mundiales.



No tengo la más mínima duda sobre la naturaleza conservadora y neoliberal de quienes ordenan o coaccionan para que los Estados lleven a cabo este tipo de medidas. Del mismo modo que tampoco las albergo respecto de los gobiernos que las aceptan e incluso aplican con el fervor del fanático, como el de Mariano Rajoy. Basta con observar el esquizofrénico mensaje lanzado por su partido: por una parte, lamentan que los recortes suponen una obligación impuesta desde las alturas; por la otra, afirman que es lo que el país necesita y que están haciendo las cosas correctamente.


Ahora bien, creo que las afirmaciones anteriores son conocidas por todos y no se trata de citarlas sin más como si esta fuera la única realidad posible, tal y como algunos pretenden que creamos. Más bien suponen la constatación de que el lugar donde se genera una parte muy importante del problema, es del que debe venir la solución.


La socialdemocracia europea ha demostrado en las últimas décadas y, especialmente, en la formación de Europa que el internacionalismo propugnado por los padres principales de la ideología no ha estado presente en la aplicación práctica de la política. Así pues, no ha sido extraño contemplar países gobernados por socialistas que aplicaban políticas fiscales, empresariales o laborales que perjudicaban enormemente a los trabajadores y clases más desfavorecidas de su vecino, muchas veces también con gobierno socialdemócrata.


Los tratados de Maastricht y Schengen no trajeron más libertad real para los europeos, sino más bien una competencia económica y empresarial que ha ido en detrimento de los derechos laborales con el objetivo de ganar más competitividad y libertad de movimiento de capitales. Al mismo tiempo, eso suponía deslocalización de fábricas y puestos de trabajo y guerra brutal de precios. 


La unión monetaria ha agravado algunos de esos problemas y ha añadido otros a la ecuación que han generado el indigesto cóctel que ofrece el panorama económico español.


Pues bien, la socialdemocracia europea ha de ser capaz de visualizar que el objetivo de las elecciones europeas de 2014 es más común que nunca. Y eso pasa obligatoriamente por una propuesta creíble desde el momento en que todos los partidos socialistas de la UE confluyamos a los próximos comicios  con puntos programáticos idénticos IRRENUNCIABLES en nuestros respectivos programas.



 
Algunos no deben suponer un problema mayor, como la efectiva implantación de una tasa para gravar las transacciones financieras o plantear una verdadera batalla contra los paraísos fiscales (y no necesariamente los que se hallan en lugares remotos, podemos empezar por casa: Andorra, Suiza, Mónaco, etc), por ejemplo.


Pero sobre otros se tiene que fijar una posición de manera definitiva y no será tan fácil. Un buen ejemplo lo tenemos con los socialistas alemanes y su opaca postura en cuanto a las políticas del BCE respecto a España y otros países, con las oscilaciones de las primas de riesgo y los beneficios para financiarse que supone esta situación para Alemania.


Así pues, debe haber un discurso coherente respecto a una armonización fiscal que impida que se cometan dislates como el caso de Irlanda y su tipo para el impuesto sobre sociedades (alrededor del 12,5%), que supone una sangría para otros países UE; un discurso coherente ante la importación de mercaderías de países que vulneran de forma expresa la normativa laboral internacional contra los que es imposible competir, es decir, mayor intervencionismo público (europeo en este caso) ante los abusos del capitalismo más salvaje; un discurso coherente respecto a la propia normativa laboral de los países comunitarios; un discurso coherente sobre el mantenimiento de un Estado del Bienestar como seña de identidad europea.


Y para eso serán necesarios líderes con la capacidad necesaria para poder comandar este gigantesco reto político. Hace unos días, Alfredo Pérez Rubalcaba ha lanzado un mensaje hacia sus correligionarios alemán, francés, británico, portugués e italiano. El PSOE es el segundo partido socialista en antigüedad en Europa. Los socialistas españoles acumulamos más de 20 años de gobiernos en los últimos 35. Creo que el momento es oportuno y la situación requiere de un esfuerzo extraordinario por parte de todos nosotros.


Nunca antes unas elecciones europeas habían sido tan trascendentales. Nunca tan imperiosa la necesidad de la socialdemocracia de ponerse a la altura de las circunstancias. Nunca tan grande el beneficio político y social que puede conseguirse.

Lo veremos en los próximos meses.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Pablo Martín interviene en una moción sobre actuaciones en defensa de un...


DESNUDANDO A LA IZQUIERDA PLURAL

Decía el filósofo estoico y cordobés Lucio Anneo Séneca, que el lenguaje de la verdad debe ser, sin duda, sin artificios. En la política, además, me atrevo a añadir que no basta con decirla una sola vez, sino que la inercia de nuestras propias redes de comunicación en ocasiones transforma la información en otra muy distinta a la que se pretende ofrecer. Por eso es necesario repetir cuantas veces sea posible el mensaje propio. Aunque también se puede hacer un ejercicio de deconstrucción de las mentiras o medias verdades de otras formaciones políticas distintas a las propias.


Cuando una formación se autodeclara por sus propios actos y palabras en el referente moral de una parte muy importante de la sociedad, en este caso, digamos, la izquierda política de este país, se necesita mucha coherencia y transparencia para poder sostener tal afirmación sin que se le vean las costuras al traje. Si, además, algunas de las contradicciones en las que incurre dejan en evidencia manifiesta su propia petulancia entonces es que hemos pinchado hueso y hay mucho donde roer.


Vayamos a los hechos. El grupo parlamentario La Izquierda Plural que agrupa a las formaciones IU, ICV-EUiACHA ha defendido esta semana una moción (página 4) para una democracia avanzada y un Parlamento al servicio de la ciudadanía. Absolutamente pertinente y necesaria en los tiempos que corren de desafección y desilusión de los ciudadanos hacia quienes ejercemos la representación institucional política. Sin embargo, no exenta de algunos errores de tipo técnico que no tienen interés alguno y, sobre todo, con margen para establecer mejoras para profundizar en una mayor participación ciudadana.



Al margen de eso, dentro de todas las propuestas que planteaba, la mayor parte de ellas compartidas por el PSOE y/o mejoradas, había dos que no podíamos aceptar tal cual venían redactadas. La primera, relativa a equiparar las condiciones "laborales" de los parlamentarios con las de los trabajadores asalariados. No la aceptábamos en esos términos porque su lenguaje remitía al utilizado por el Partido Popular o UPyD en referencia a que esas condiciones que tenemos son "privilegios" por una parte y, por la otra, porque remitíamos el debate (que no rehusamos) a la Comisión del Estatuto del Diputado que es el foro donde debe tener lugar.


La segunda propuesta que no podíamos aceptar, hace referencia a establecer mecanismos de control para el cumplimiento de los programas electorales con revocación del cargo público en caso de incumplimiento. Es decir, convertir en contratos jurídicos los programas electorales. La barbaridad de esta proposición es tal que ha recibido reprimendas por parte de varias formaciones. Nuestras objeciones son dos: la primera es que si ni siquiera es posible cumplir las previsiones de 1 año previstas en unos PGE, menos lo son las de 4 años de un programa. Son perspectivas políticas, no cláusulas jurídicas. Aceptamos y creemos en la rendición de cuentas a través de la transparencia, pero no con una propuesta imposible de llevar a cabo y que desprende un tufo a demagogia intolerable.

¿Por qué demagogia? Porque IU es la primera que no la practica. Su apoyo en el Parlamento de Extremadura al Partido Popular ha permitido a esta formación aprobar recortes a la subvención al transporte escolar; transferencias de crédito de la educación pública a la concertada; eliminación de servicios sanitarios esenciales básicos para el mundo rural; elminación de las ayudas a la diversidad. Todos estos recortes imposibles de llevar a cabo sin la necesaria abstención de Izquierda Unida. No es necesario recordar que ni un solo parlamentario suyo ha dimitido así como que esta formación en su programa electoral no apoya los recortes sanitarios en educación y sanidad. Y esto es tan sólo un ejemplo. Existen otros.

Una vez explicadas las principales diferencias entre su propuesta y la nuestra, es necesario aclarar que tanto el PSOE como el PP hemos formulado una enmienda a la totalidad de la iniciativa de la Izquierda Plural. Extremadamente opuestas como podréis comprobar ahora.

Ahí va un ejemplo, este es el primer apartado de la nuestra, muy similar al de la original:

" El Congreso de los Diputados aprueba constituir, conforme al cauce reglamentario pertinente, una Subcomisión en el seno de la Comisión Constitucional, que tenga por objeto el estudio de medidas concretas que permitan un impulso democrático, que profundicen en la participación directa de la ciudadanía en la vida política, mejoren la identificación entre representantes y representados, así como que mejoren el funcionamiento de esta Cámara.

La referida comisión deberá elaborar y presentar ante esta cámara, en el plazo máximo de 12 meses, un informe con recomendaciones y medidas concretas"


Y éste es el primer apartado de la del PP:

" El Congreso de los Diptuados manifiesta encomendar, de conformidad con los cauces reglamentarios oportunos,  a la Comisión de Reglamento la puesta en marcha de los trabajos para impulsar, desde el mayor consenso posible, los cambios reglamentarios que contribuyan a mejorar el funcionamiento de la Cámara y a lograr una mayor identificación en su capacidad de representar a los ciudadanos".

El subrayado y puesto en negrita del lenguaje es para resaltar las diferencias semánticas que, en política, como en el derecho, pueden generar abismos ocultos. La primera es que en la nuestra se aprueba la constitución de una subcomisión mientras que en la del PP se manifiesta encomendar a una ya existente, la de Reglamento, la puesta en marcha de trabajos.

La segunda diferencia, muchísimo más importante, trae causa de los plazos, imprescindibles. Mientras que la original y nuestra enmienda establece un máximo de 12 meses para la entrega de las medidas concretas, la del Partido Popular no fija plazo alguno...lo cual significa que puede transcurrir toda la legislatura sin que llegue a reunir la Comisión de Reglamento. Debo informar al lector que la citada comisión se reune al inicio de cada legislatura una vez...y ya.

Esta táctica de política procesal utilizada por el PP en numerosas ocasiones no ha pasado desapercibida para la Izquierda Plural. Saben, además, que el PP tuvo ya oportunidad de debatir estas cuestiones cuando el PSOE las planteó en junio de este año y votaron en contra. 

Pues bien, a todo ello debo añadir que en las conversaciones con el portavoz de la formación izquierdista éste me había reconocido lo adecuado de la enmienda que les habíamos planteado. Pese a que no quiso decirme si aceptaban la nuestra o la de los conservadores hasta bien entrada la tarde, excusándose en que esperaba llamadas para plantear el asunto a sus compañeros. Mientras tanto, los medios de comunicación del Congreso ya sabían que aceptaban la propuesta popular. Inaudito.



A estas alturas, cabe preguntarse cuál es la coartada esgrimida para tal comportamiento. "Que aceptar la enmienda del PP abre el debate", me espeta el portavoz de la Izquierda Plural al día siguiente. "¿Qué va a abrir el debate? ¿Dónde?" inquiero recordándole que la ausencia de cualquier plazo permite a los populares demorar la convocatoria de la Comisión de Reglamento que, por otra parte, tan solo se reune una vez por legislatura.

Ante la evidencia de que nuestra enmienda será rechazada y aceptada la del PP es donde realizo las siguientes conjeturas:

1.- Nuestra enmienda es infinitamente mejor que la del PP y eso lo reconoce el propio grupo proponente original.

2.- También mejora sustancialmente su moción pero, si la aceptan, se convierte en NUESTRA propuesta y no la de ellos.

3.- Buscan el rédito político de afirmar que han conseguido llevar al PP a su terreno, cuando la enmienda del PP tiene un único objetivo: desactivar su moción con sus plazos  y medidas concretas.

4.- La excusa de que así se aprobará la moción aunque la vacíen de contenido completamente, es absurda para una formación que hace bandera y fortuna política del victimismo cuando en cada pleno son rechazadas sistemáticamente todas las que formula.

5.- La Izquierda Plural prefiere renunciar a sus principios políticos en detrimento de una finalidad cortoplacista para apuntarse una victoria inane. En este punto no puedo evitar bromear en que se les presupone la ideología marxista...pero la de Karl, no la de Groucho y su famosa frase sobre los principios.

6.- Quien siempre hace gala de la crítica a la unión del PSOE y el PP para determinados asuntos no duda en alinearse con los populares cuando le conviene. Bien sea en el Parlamento extremeño, bien para hacer pinza contra los socialistas, algo que no se veía desde los tiempos del profeta Anguita.

En consecuencia y para finalizar un texto ciertamente extenso, las lecciones de moral deben contener un comportamiento sin mácula por parte de quien las recita. Especialmente cuando su mascarada es tan fácil de evidenciar. Este es tan sólo uno de los episodios llevados a cabo por esta formación política que denota semejante actitud muy a menudo, pero no es el único. A lo largo de la legislatura ya han mostrado una ambigüedad que ya querría para sí el David Bowie de los 70.

Nadie está a salvo de las contradicciones y de los errores, es absolutamente cierto. Pero no lo es menos que también existen quienes predican excesivamente con la palabra pero pecan con los actos. Volveré a informar de comportamientos semejantes la próxima vez que suceda. Es mi deber.