lunes, 17 de septiembre de 2012

¿QUÉ ES LO QUE REALMENTE ESTÁ EN JUEGO?

Leía este fin de semana un artículo excelente sobre la relación entre superhéroes y política. No son pocas las ocasiones en las que he tenido que defender las sinergias entre el mundo del cómic y las preocupaciones intelectuales que a todos nos atañen. Naturalmente, no pretendo afirmar que tras una historia de Spiderman se encuentren disertaciones metafísicas a la altura del mejor Aristóteles, pero quien siga pensando que la cosa trata únicamente de tipos en leotardos persiguiendo a los malotes correspondientes, se pierde un espacio de reflexión desenfadada importante. Como muestra, esta viñeta conseguida directamente del artículo que cito.


No deja de ser enormemente seductora e interesante la idea de que incluso tipos con superpoderes increíbles, sean incapaces de atajar de una vez por todas las desigualdades, la corrupción, el hambre y la miseria que estas generan. Humaniza a los políticos presentando su objetivo casi como una utopía, por lo que de algún modo contribuye a lanzarnos un guiño más que necesario. Eso cuando los propios políticos no somos los villanos de turno, claro, que en ocasiones también sucede. 

Y ahí es donde quería llegar. A los villanos. Porque en muchas ocasiones, creemos tener identificados perfectamente a los agentes malvados y los motivos que les inspiran, cuando en realidad se trata tan solo de intermediarios de los verdaderos causantes de muchos de los males que pretendemos denunciar.

Hablamos de los mercados casi como entes con personalidad propia. Les atribuimos horrores y características propias de lo que sería el concepto socrático del Mal. Pero no atinamos a combatirlos con certeza porque olvidamos que solamente son herramientas de personas físicas reales, con nombres, apellidos y direcciones postales. Cuánta razón tenía Bret Easton Ellis al situar en "American Psycho" a uno de los psicópatas más sanguinarios de la literatura contemporánea en el seno de Wall Street. Patrick Bateman es un personaje tan factible, tan real, que da pavor precisamente por eso. Y es que creemos que con inutilizar sus enseres a través de una reforma del sistema financiero sería suficiente, cuando en realidad lo único que conseguiríamos sería retrasar un poco sus objetivos. Descuadrar sus balances de un ejercicio.

Pienso que lo que realmente necesitamos es ir directamente hacia el autor, no el medio. Y para eso sí es necesaria una reforma, pero no tanto del sistema financiero (que también), como sí de la transparencia administrativa, mediática e incluso de la normativa penal. Porque difícilmente podemos combatir la especulación financiera contra alimentos, deuda pública o fondos públicos de pensiones si la persona real que la está llevando a cabo se escuda en una marca, unos medios que defienden los mismos intereses (y, por lo tanto, tienen los mismos objetivos) y una normativa administrativa y penal que cobija sus acciones. 

Pero no solamente erramos el tiro cuando hablamos de los mercados. Aquí en España acabamos de asistir a un proceso de desmantelamiento del Sistema Nacional de Salud y de la educación pública gratuita entendida como tal, que únicamente es la punta del iceberg de lo que hay detrás. Sí, todos comprendemos que uno de los objetivos es la entrada de intereses privados y lo que eso conlleva en un sector especialmente lucrativo. Pero como suele decirse, los árboles no nos dejan ver el bosque.

Recientemente, una buena amiga me confesaba una de las reflexiones más lúcidas que he escuchado en este sentido en mucho tiempo. "Pablo, el problema de nuestro Sistema Nacional de Salud es que ha demostrado que en un país capitalista es posible una sanidad similar a la de los países comunistas. Y eso es algo que ellos no pueden tolerar. Pone en entredicho todos sus esquemas; sus dogmas; sus intereses. No van a consentir que se expanda a otros sitios como una pandemia. Sería el fin de sus negocios". ¿El Partido Popular? Mera herramienta al servicio de esos intereses, en muchos casos sin que algunos de sus integrantes siquiera sean conscientes de ello, repitiendo las consignas inoculadas al tiempo que muchos de sus familiares se benefician de un sistema de salud que ellos atacan con saña. Naturalmente, inocentes no son, pero ni mucho menos los instigadores intelectuales. Al menos, no la mayoría de ellos.

Y esos, los personajes reales que convierten la salud ajena en negocio propio; los que comercian con enfermedades y dolor; los que únicamente se preocupan por la salud de sus finanzas y no por la de los seres semejantes, esos son también auténticos villanos. Quienes presiden los Consejos de Dirección de las empresas que se lucran descaradamente con el negocio. Una vez más solemos cometer el error de señalar a la marca farmacéutica o a la fabricante de prótesis ortopédicas correspondientes. No. Quien da la orden es alguien de carne y hueso. Pocas veces los medios se hacen eco de sus nombres y de quiénes son realmente. La falta de transparencia y los blindajes mediáticos y legales de nuevo como protectores contra nuestros (¿súper?)poderes.

¿Es absurdo lo que digo y no podemos hacer nada contra ellos? Esa es la primera batalla que tienen ganada. La de su supuesta infalibilidad. La de hacernos creer que, como Juicio Final, el monstruo que mató a Superman, son indestructibles. Eso nos desalienta, nos desmoraliza, nos sitúa en el bando perdedor justo antes de que comience las hostilidades declaradas. 


Pero la Historia ha demostrado que eso no es cierto y que personajes como Madoff, por ejemplo, pueden acabar también en el lugar que les corresponde. El poder político como representante de la soberanía popular ha perdido mucho espacio que le pertenece en los últimos 30 años. Pero no lo ha perdido todo y aún estamos a tiempo de recuperarlo. El primer paso necesario para ello es creer que es posible. El segundo, hacerlo de manera coordenada desde suprainstituciones como la UE para poder combatir en igualdad de condiciones.

Los héroes son difíciles de encontrar o, mejor dicho, identificar. Es cierto. Más en los tiempos actuales que parecen sumirnos en melancolías y desgracias. Pero los hay a miles, cientos de miles, millones. Cada uno de los ciudadanos que cada día afronta su difícil realidad con el propósito de superar la adversidad y vuelve a hacerlo al día siguiente, ya es de por sí un héroe.

Ser un héroe, ser valiente, no es no temer o preocuparse por los problemas. Eso es inconsciencia. Ser un héroe es conocer la complejidad y dificultad de la tarea que se afronta y, a pesar de eso, seguir adelante. En este país hay muchos héroes. Solamente por honrarlos ya vale la pena que todos nos esforcemos por parecernos a ellos.




sábado, 11 de agosto de 2012

SOBRE LISTAS ABIERTAS Y LIBERTAD DE VOTO

No son pocas las ocasiones en las que he afirmado que una gran parte de la fundada desafección ciudadana hacia los políticos actual, debe combatirse con mayor transparencia, información y participación.

Efectivamente, son much@s l@s ciudadan@s que ante la profunda decepción surgida de las imperfecciones de los sistemas de democracia representativa, solicitan un mayor grado de participación o una mayor capacidad de elección de quienes después deben representarlos. 

En realidad, el grado de interlocución y comunicación entre los representantes electos y sus electores no depende necesariamente del modo en que estos han sido elegidos. Al contrario de lo que suele pensarse, en España ya se aplica un sistema de listas abiertas en la elección de representantes al Senado, por ejemplo, y ello no supone que la relación entre los senadores y sus electores difiera de la que estos tienen con los diputados. Pero no es menos cierto que sí puede establecerse un vínculo más sólido cuando ha habido una mayor participación directa de los últimos sobre los primeros por motivos evidentes. 



Una de las reivindicaciones más jaleadas en la actualidad es la de los sistemas de listas abiertas como formato para la elección de representantes al Congreso de los Diputados. Es necesario aclarar que por "listas abiertas" no se entiende un solo concepto, sino que son varias las fórmulas que pueden ampararse bajo esta definición.

Así pues, podemos entender por lista abierta aquel sistema por el que l@s ciudadan@s pueden elegir libremente el orden de los candidatos que figuran en las listas. También es conocido este sistema como "lista desbloqueada". En la actualidad, esta forma ha sido propuesta por el PSOE para su aplicación en el sistema de elección de candidat@s al Congreso de los Diputados.

Otra de las variantes sería la ya apuntada para la elección de senadores, es decir: una lista o papeleta en la que figuran candidatos de todos los partidos pudiendo elegirse conjuntamente de formaciones distintas, así como el número de los que desean votarse (con un límite máximo legal, naturalmente).

Sin embargo, la mayor objeción que se plantea al actual sistema de listas cerradas y bloqueadas, es el poder que confiere a los aparatos de los partidos políticos para poder elegir a sus integrantes con criterios que no siempre atienden al mérito y capacidad que sus propios estatutos requieren. Así, l@s votantes tan solo pueden apoyar una papeleta con un orden determinado inalterable y perteneciente a un único partido, sin que puedan elegir a aquellos que les parezcan más oportunos sin importar su afiliación partidista. 

Opino que los partidos políticos siguen siendo imprescindibles para la elaboración de unas listas que se presenten en comicios democráticos por lo que a continuación expondré, pero el sistema es manifiestamente mejorable, desde luego. 

Evidentemente, suena extraordinario desde un punto de vista democrático y participativo un sistema en el que cualquier persona pudiera libremente postularse para ser candidato y, con unos requisitos mínimos exigibles para serlo, poder ser elegido. Sin embargo, el problema no está en las dificultades de logística que esto podría entrañar, las cuales creo que son salvables en su mayoría con la tecnología actual. La cuestión principal estriba, en mi opinión, en que para que tal mecanismo fuera justo y efectivo, debería garantizarse una igualdad de condiciones y oportunidades de partida a todos los contendientes. Y eso es algo muy difícil, por no decir imposible, de conseguir. No puede partir con las mismas condiciones Emilio Botín que un desconocido trabajador asalariado mileurista. La capacidad económica o el conocimiento previo de los electores, son obstáculos muy difícilmente salvables.



En cuanto a la primera, la capacidad económica de los posibles contendientes y las dificultades que deben salvarse para poder financiar sus campañas, podemos asistir a paradojas como la de los congresistas demócratas que votaron en contra de la reforma sanitaria (hasta 30) que su partido propugnaba o de la reforma del sistema financiero estadounidense, sencillamente porque sus campañas electorales habían sido sufragadas por entidades con intereses en ambas materias. Es decir, no se trata ni mucho menos tampoco de un sistema perfecto, sin perjuicio de que, además, en EEUU los candidatos siguen adscribiéndose mayoritariamente a uno de los dos partidos hegemónicos existentes.

Sin embargo, sí es deseable que desde los partidos políticos se permita una mayor participación en la elaboración de las listas mediante el sistema de primarias para la elección de los candidatos a gobernar las instituciones. El sistema recientemente utilizado por el partido socialista de Francia por el cual aquellos ciudadanos que desearan participar sin necesidad de ser militantes pudieran hacerlo abonando una suma simbólica, es un avance muy significativo en materia de participación y transparencia. 

Creo que este sistema unido al desbloqueo de las listas para la elección de candidatos al Congreso de los Diputados que he mencionado anteriormente, puede conseguir unos márgenes democráticamente aceptables en ambas materias. 

La otra reivindicación o cuestión que se plantea, estrechamente relacionada con la primera, es la de la libertad de voto de todos los representantes electos.

La lógica señala que se establece un compromiso entre l@s votantes y l@s elect@s por el cual, cuando se formulan propuestas durante la campaña electoral, después debe votarse en consecuencia con las mismas. No todo es siempre tan sencillo. Más allá de incumplimientos manifiestos y masivos como el que observamos del Gobierno actual, no es menos cierto que un programa electoral es una guía fundamental para la dirección del partido que gobierna, pero que no puede constituirse en una tabla de granito inquebrantable cuando existan circunstancias que requieran variar el rumbo. El problema suele generarse cuando no se explican bien los motivos de tal viraje o no se pulsa la opinión de l@s ciudadan@s cuando se trata de cuestiones de capital importancia.

En realidad la libertad de voto está permitida en nuestro sistema democrático y no son pocas las ocasiones en las que se ha venido practicando. Sin embargo, los partidos pueden sancionar estos hechos debido a que así lo disponen los reglamentos internos que conocen todos los que aceptan ir en las listas representando a las siglas de turno. Lo cierto es que la fortaleza y cohesión de los grupos parlamentarios depende precisamente de su unidad, sin la cual se desmorona por completo su criterio, pero también la propia fortaleza y cohesión de las instituciones como trataré de explicar a continuación.

Así pues, pongamos por caso que debe realizarse una votación sobre una cuestión que beneficia a Cataluña, por ejemplo, pero perjudica a las Illes Balears. En un principio, se supone que los representantes electos de ambas circunscripciones si pudiéramos elegir libremente votaríamos a favor o en contra en función de las mismas. Al ser mayoritario el número de diputados catalanes, acabaría aprobándose la medida. Eso supondría que aquellas CCAA con mayor representación parlamentaria impondrían una "ley del más fuerte" que desequilibraría por completo al Parlamento y al país.

Existen formaciones como el PNV o CIU que, en determinadas ocasiones (Ley del aborto), otorgan libertad de voto a sus representantes. Se trata, sin embargo, de partidos minoritarios que no deciden el resultado final aprobado o rechazado.

En definitiva, existen fórmulas y mecanismos para introducir las muy necesarias transparencia y mayor participación que requieren nuestras instituciones, pero es preciso recordar que en la práctica política no existen sistemas perfectos, sino malos y menos malos, como definía Winston Churchill a la propia democracia. Es precisamente desde el debate y la confrontación de ideas como creo que podemos llegar a mejorarlo, por eso estaré encantado de leer vuestros comentarios y propuestas al respecto.

lunes, 6 de agosto de 2012

EXISTEN OPCIONES ALTERNATIVAS

Artículo publicado en el Diario de Mallorca el 6 de agosto de 2012.

EXISTEN OPCIONES ALTERNATIVAS


En las últimas semanas he escuchado en diversas ocasiones, casi siempre en boca del ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, que los recortes llevados a cabo en las cuentas públicas españolas y nuestro Estado del Bienestar, han sido porque “no había otra opción”.

Comprendo que cuando la cantinela de “la herencia recibida” comienza a oler a naftalina al comparar los datos de los gobiernos socialistas y el actual, se haya instalado la urgencia de cambiar la letra. Pero más allá de las excusas para salir del trance, hay una auténtica declaración ideológica detrás de tal afirmación.

Pretenden difundir el falso axioma de que los recortes son necesarios porque durante todo este tiempo hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades. Algo incierto ya que durante los años de crecimiento económico las cuentas públicas españolas llegaron a tener superávit. Quieren hacernos creer que las prestaciones sociales, la educación pública y la sanidad gratuita universal, son lujos que no podemos permitirnos. Y, con ello, introducir su propuesta de modelo de Estado con la mano diestra mientras impulsan debates ficticios mediante sus provocadores oficiales.

Lo cierto es que el actual sistema fiscal no resulta suficiente para conseguir un equilibrio presupuestario que permita garantizar esas prestaciones y es necesario recortar el déficit, sí, pero no como está haciéndolo el Partido Popular: existen otras propuestas que no solamente no generan este intolerable coste social, sino que además contribuirían a que nuestra fiscalidad tuviera una mayor capacidad redistributiva (además de recaudatoria) y  recuperara progresividad.

Desde el partido socialista las hemos propuesto ya en los debates parlamentarios y éstas son algunas de las principales, al no poder figurar todas por problemas de espacio.

Impuesto a las grandes fortunas. Tras la reposición del reformado impuesto sobre el patrimonio por el PSOE en 2011, estaba prevista la implantación de este tributo que ya se aplica en otros países europeos. En su defecto, el PP ahora podría seguir aplicando el primero ya que en 2012 deja de estar operativo. Las previsiones más prudentes estiman en 3.000 millones de €  la cantidad que podría recaudarse con el nuevo gravamen. Exactamente la cantidad que se recortó hace poco en Educación. Es necesario recordar que en las Illes Balears, el ejecutivo de José Ramón Bauzá se ha negado a recaudar la parte que le correspondería del impuesto sobre el patrimonio (unos 30 millones de €) mientras se permite anunciar el cierre de hospitales públicos.

Impuesto de sociedades. Aunque los tipos previstos en España se encuentran dentro de la media europea, las deducciones existentes permiten que las grandes empresas paguen un tipo real cercano al 17% cuando el tipo nominal aplicable es del 30%. Esto perjudica, además, a las PYMES que no compiten en las mismas condiciones que sus homólogas de mayor tamaño. Es necesario, por tanto, reformular este tributo. Una modificación que permitiría ingresar 7.000 millones de €. Más o menos la cuantía que se ha recortado en el Sistema Nacional de Salud (SNS).

Aumento del 10% del impuesto sobre el tabaco y el alcohol. La propuesta dejaría el vino y la cerveza exentos de tal subida, pero el resto de licores aumentaría su gravamen en ese porcentaje junto con el tabaco. El ingreso previsto se estima en, al menos, 1.000 millones de € que podrían ir destinados a financiar, de nuevo, el SNS.

Eliminación de las diputaciones provinciales. A diferencia de los Consells y Cabildos, con funciones muy distintas a éstas, son instituciones que han demostrado su ineficacia en la escena política actual. Su supresión reportaría otros 1.000 millones de €.

Se trata, por tanto, de 12.000 millones de €, ni más ni menos, que permitirían reducir el déficit sin necesidad de adoptar opciones traumáticas para los ciudadanos y dramáticas para las propias cuentas públicas. A diferencia de la desproporcionada e injusta subida del IVA o la introducción de tasas judiciales,  que repercuten en toda la población sin importar su capacidad económica o situación laboral.

Existen otras propuestas igualmente importantes, como la implantación de muchas más medidas contra el fraude fiscal, y no la actual amnistía, que deben abordarse.

Por lo tanto, es absolutamente falso que no haya otras opciones. Sencillamente no quieren abordarse porque el Partido Popular no cree en una salida social de esta crisis. Sus errores en las medidas adoptadas para acortar el déficit están generando más recesión, más pérdida de poder adquisitivo, más parados. El consumo, entonces, disminuye y con él la recaudación, lo cual obliga, paradójicamente, a más recortes. Un efecto perverso en el que el actual Gobierno nos tiene sumidos.  Están a tiempo de recapacitar y cambiar de rumbo. Entonces, les estaremos esperando.

Pablo Martín Peré

lunes, 30 de julio de 2012

POR QUÉ ME GUSTA LA POLÍTICA

Las bromas y refranes que circulan en torno a la política son innumerables y, la mayor parte de ellas, con un sesgo peyorativo que contribuye a desprestigiarla aún más de lo que ya lo está. Desde lugares comunes como el ya trilladísimo "todos los políticos son iguales/corruptos", a comentarios llenos de ingenio como el también muy conocido "La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados."  que el gran Groucho Marx parece que tomó prestado de Ernest Benn.

Respecto a la relación de la corrupción con la política, un tema que da para escribir un artículo enciclopédico, siempre he sintetizado mi pensamiento con esta sentencia: quien cree que todo el mundo puede comprarse, es que también está dispuesto a venderse. Es evidente que los casos de corrupción actuales han influenciado enormemente en la situación de tremenda desafección que atravesamos, pero lo que muchos ciudadanos no parecen dispuestos a aceptar es que la descomposición ética de los políticos que la han practicado sería imposible sin el concurso de la propia sociedad. 


Pero más allá de estas reflexiones, son pocas las ocasiones en las que las personas que hemos decidido dar un paso adelante y tomar parte activa en el ejercicio político explicamos los motivos o razones que nos llevaron a ello. Opino que es interesante conocerlas porque de esta manera podemos comprender mejor la labor de las personas que dedican un tiempo muy importante de sus vidas a la materia y también su trayectoria. Así pues, voy a explicaros mis argumentos y, si no os gustan, a diferencia de Groucho y sus principios, no tengo otros.

Al margen de que en un país democrático de alguna manera todos somos políticos en algún momento de nuestras vidas, tomar la decisión de afiliarme al PSOE no es algo que sucedió de la noche a la mañana. Quienes me conocen saben que siempre me habían interesado estas cuestiones y que mi inclinación por estudiar derecho, aparte de otros motivos, estaba estrechamente relacionada con mi interés por la política.

A los 18 años, en mayo de 1995, tras darle muchas vueltas a las repercusiones que podía tener en mi vida esa decisión (a la vista están hoy) me planté en la sede del partido en Palma de Mallorca. Ante la estupefacta administrativa que no podía creer que un joven quisiera ser miembro de la formación en un momento especialmente delicado como ese, rellené los datos del formulario y a las pocas semanas me llegó el carné de militante.

El razonamiento fue, más o menos, el siguiente: "creo que la sociedad en la que vivimos puede y debe mejorar, y puedo contribuir de dos maneras: con los actos que realizo en mi propia vida y/o a través de un partido político". Sin perjuicio de que es imposible estar 100%  de acuerdo con TODOS los postulados políticos de un partido en concreto o, mejor dicho, con los de su dirección, el PSOE era quien más se acercaba a las ideas que tenía sobre la justicia social, la igualdad de derechos y la de oportunidades. Además, tenía ya un familiar muy cercano que militaba en él y eso inclinó la balanza definitivamente.

Fue a través de las Juventudes Socialistas como conseguí implicarme de manera más directa en la labor política. Nos reuníamos varias veces por semana para plantear alternativas a lo que entendíamos que eran los problemas principales de los jóvenes de aquel entonces. Recuerdo montones de tardes e incluso noches con l@s compañer@s, trabajando en mil y un proyectos algunos de los cuales no llegaban a ningún sitio y otros hasta podían llegar a buen puerto. No eran pocas las veces que renunciaba a quedar con mis amigos porque tenía actividades políticas que realizar, pero ellos siempre lo aceptaron, aunque no todos lo entendían.


Mucha gente, probablemente debido al carácter privado de muchos actos del partido en aquellos años, desconocía la labor que llevábamos a cabo la mayor parte de sus militantes. Todavía hoy existe la idea de que todos los integrantes tienen estupendos sueldos con cargo al erario público o bien financiados por la propia formación. Eso no es así. En el caso de mi partido regional, el PSIB-PSOE, nadie que no sea personal administrativo o técnico tiene un salario y  el de los que lo tienen, lo pagan sus propias (y paupérrimas) arcas. 

Si la actividad política de mi formación es factible es porque miles de personas dedican su tiempo de manera desinteresada (con el coste económico de pagar las cuotas) a la labor política. La mayor aparte de ell@s, ciudadan@s anónim@s sin cargo institucional y, en muchas ocasiones, tampoco orgánico, que luchan por defender una idea en la que creen y por la que están dispuest@s a realizar sacrificios personales, familiares e incluso económicos. 

Creo que no me equivoco si afirmo que la mayoría de individuos que he conocido han desempeñado esa tarea durante gran parte de su trayectoria política, en un momento u otro.  

Por supuesto que existen también trepas, oportunistas y bribones que se aprovechan del trabajo de otros y tratan de utilizar con un fin personal y/o lucrativo, y nunca con vocación de mejorar la realidad que nos rodea, a la política. Están en todas las capas de la sociedad y los partidos políticos no iban a ser menos. Pero, al contrario de lo que suele creerse, se les detecta rápidamente y no suelen prolongar mucho su periodo de actividad precisamente por ese motivo. Así y todo, sigo abogando porque la transparencia y la participación permiten erradicar con mucha más celeridad este tipo de conductas.

En cualquier caso, para mí, la política es la herramienta con la que puedes convertir en posibles cosas que se tienen por imposibles; la que permite, incluso hoy en día a pesar de su desprestigio, que en todos nosotros siga plantada la esperanza de que puede existir un futuro mejor; la que cuando se utiliza en su acepción más pura ética y semántica, ennoblece a las personas que la practican y facilita la vida de sus destinatarios; finalmente, la que debe obligarte a desear para los demás las mismas facilidades y oportunidades que deseas para ti mismo.

Eso es lo que entiendo por política y el motivo por el que a pesar de que hoy en día no sea la actividad más prestigiosa, ni la más agradecida, sigo creyendo en ella y en los hombres y mujeres que dedican algunos de los mejores años de sus vidas a compartir y desplegar esa idea. Es evidente que, a tenor de la imagen que tenemos y de la reputación que ostentamos, tod@s debemos esforzarnos muchísimo más por devolver a esta palabra el significado que merece. Quizás pensaréis que es un objetivo imposible. Por eso me metí en política.


martes, 24 de julio de 2012

EL FUNCIONAMIENTO DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

Hace poco escribí una entrada en la que hacía referencia a cuáles son las condiciones de los parlamentarios españoles (en las Cortes Generales) con el objeto de informar sobre una cuestión que todavía no es lo suficientemente conocida por la mayor parte de los ciudadanos. También quería desmentir las falsedades e incorrecciones que en un correo electrónico titulado "ES INDECENTE" figuran y que habían motivado que muchísimas personas me preguntaran a mí y otros compañeros por esta cuestión.

Mis limitaciones como narrador son evidentes y eso ha motivado que muchos lectores pensaran que estaba tratando de justificar o excusar algo, cuando la intención era la apuntada anteriormente. Por eso esta nueva entrada comienza (ahora sí) con esta justificación. Para que no haya lugar a equívocos sobre su finalidad: que los ciudadanos conozcan un poco más la actividad del Congreso de los Diputados y la labor de los parlamentarios. A propuesta de un lector (o lectora), por cierto.

Para comenzar, es preciso conocer cuál es la labor principal que la Constitución y las leyes le otorgan a la Cámara Baja. Concretamente son tres: legislar, el control del Gobierno y, por último, la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. Al contrario de lo que muchas personas creen, la iniciativa legislativa no nos corresponde normalmente, sino que esta pertenece al Gobierno. En el Congreso y el Senado se debaten sus propuestas, aparte de las que puede presentar la oposición (Proposiciones de Ley, Proposiciones no de Ley).



Sin embargo, la mayor parte de la actividad parlamentaria que realizamos, además de en nuestras circunscripciones, se lleva cabo en las comisiones. Las hay permanentes, con capacidad legislativa o sin, temporales y subcomisiones. La mayor parte de ellas está compuesta por 43 diputados y, fundamentalmente, se debaten Proposiciones no de Ley, preguntas orales al Gobierno y, en ocasiones, Proyectos de Ley. También se celebran comparecencias. Cada diputado pertenece, al menos, a dos de ellas, si bien muchos estamos presentes en 3 o más. Según la función en la misma (miembro de la Mesa, portavoz o vocal) varía la actividad del parlamentario. Todas las sesiones pueden visualizarse a través de la web, tanto en directo como en diferido.

Así pues una semana digamos "normal" en el Congreso de los Diputados comienza con una reunión el lunes a las 18.00 de la "Permanente" del Grupo Parlamentario. Al menos, por parte de los socialistas. En ella nos reunimos los portavoces de las distintas comisiones, junto con la dirección del GPS para examinar el orden del día de la semana, exponer la posición del grupo y comentar cuestiones de política en general. La duración varía según la semana.

Los martes, a las 09.30 se reúne el GPS al completo para realizar un cometido similar. Sobre las 10.30 comienza la celebración de las citadas comisiones, que puede extenderse hasta las 13.30 (lo habitual), si bien en ocasiones acabamos a las 15.00. A las 16.00 se inicia el pleno que se celebra en el hemiciclo. Se debaten Proposiciones de Ley, Proyectos de Ley, Proposiciones no de Ley y Mociones. Dura habitualmente hasta las 21.00 horas, si bien no son extrañas las sesiones que se alargan hasta las 22.30. Excepcionalmente, podemos llegar a las 2.00 de la madrugada.



A las 09.00 del miércoles comienza la sesión de control al Gobierno. Preguntas orales e interpelaciones. Al finalizar, se celebran nuevas sesiones de comisiones. Estas pueden iniciarse también a partir de las 16.00. Suelen terminar, normalmente, a las 20.00.

Los jueves empezamos a las 09.00 horas debatiendo principalmente las enmiendas que llegan del Senado y la convalidación de Real Decretos-Leyes. Al finalizar los plenos, también pueden celebrarse comisiones.

Al margen de esta actividad, presentamos preguntas escritas que el Gobierno tiene la obligación de contestar, solicitudes de comparecencias y solicitudes de informes. Toda la actividad de cada diputado puede consultarse directamente desde la web del Congreso a través de su ficha, y ver sus iniciativas y sus intervenciones.  

Digamos que este es el funcionamiento común de la Cámara, el que se lleva a cabo la mayor parte del año. Se modifica cuando se aprueban los PGE o cuando se celebran sesiones extraordinarias para que comparezca el Presidente del Gobierno u otras cuestiones diversas.

Es necesario recordar que cuanto más grande es el grupo del que se forma parte, menos actuaciones se producen por parlamentario, por motivos obvios. Así pues, lo normal es que los miembros de partidos con escasa representación parlamentaria (IU, UPyD, PNV, etc) tengan un nivel de actividad "formal" más elevado que el de los partidos mayoritarios.

Esta es la actividad que se lleva a cabo en sede parlamentaria de manera habitual, en nuestras respectivas circunscripciones difiere enormemente en función del diputado y la propia circunscripción, si bien es común a todos la participación en medios de comunicación (oral y escrita) y actividades políticas y de partido.

He tratado de escribir este texto con carácter general y sin personalizarlo excesivamente, pero estoy a vuestra disposición para contestar a todas las preguntas que queráis realizar respecto al mismo.