miércoles, 27 de junio de 2012

PARLAMENTARIOS ESPAÑOLES: NUESTRA VERDAD

Todos conocemos el aforismo "No dejes que la realidad te estropee una buena noticia". Frecuentemente, es utilizado para criticar la falta de rigor y profesionalidad de determinados medios de comunicación (fundamentalmente de sus consejos de dirección/redacción más que de sus reporteros de a pie). No son pocas las ocasiones en las que hemos podido comprobar que la verdad sobre una determinada cuestión resulta muchísimo menos atractiva que el mito que se ha erigido en torno a la misma, muchas veces alimentado por el morbo y las ganas de encontrar motivos para justificar nuestras fobias.


Los parlamentarios (diputados/senadores) españoles estamos actualmente suituados en el punto de mira de la sociedad, especialmente desde el inicio de la crisis económica. Es justo que así sea, puesto que somos sus representantes legítimos y nos debemos a quienes nos han elegido y también a los que no. Las críticas que recibimos por nuestra gestión y nuestros errores son justas la mayor parte de las veces. Pero no siempre la información que manejan los ciudadanos es todo lo correcta que podrían creer. Por una parte, por la falta de transparencia e información que, hasta ahora, había existido en torno a nuestra función también ha contribuido a este descrédito. Por la otra, el interés de determinadas facciones políticas interesadas en el desprestigio de las instituciones democráticas en comandita con la difusión mediática de medios que representan a esas facciones, ha hecho el resto.


Pretendo pues, a través de este texto, informar sobre algunas cuestiones relativas a nuestras funciones, sueldos, horarios y equipamiento y desmentir las falsedades que sobre estos aspectos se han vertido en foros, correos electrónicos e incluso en la misma calle.


Sobre pensiones y "sueldos": para comenzar, una cuestión semántica. No tenemos un sueldo, sino que se trata de una asignación constitucional con las diferencias que conlleva respecto a las prestaciones sociales que se obtienen de la percepción de un salario. Es de carácter público y figura en la web del Congreso de los Diputados. Son catorce pagas y varía su contenido en función del cargo que tenga el parlamentario en cuestión. No es en absoluto de carácter vitalicio y dejamos de percibirla en cuanto perdemos nuestra condición. Hasta julio de 2011, cuando se abandonaba definitivamente el escaño, se percibía un mes de asignación por cada año de parlamentario hasta un máximo de 24. Esta prestación se eliminó el mes citado. 

Del mismo modo, para aquellos parlamentarios que hubieran permanecido al menos 7 años en las cámaras, una vez que alcanzaran la condición de pensionistas, podían solicitar un complemento de pensión para alcanzar la cantidad máxima a percibir (2.522, 89 €). Es decir, la suma que les faltara para llegar a esa cifra la aportaban las cámaras. Tan solo cerca de 90 parlamentarios de los más de 3.000 que han pasado por las Cortes Generales desde su constitución en 1977, han sido beneficiarios de esta prestación. Desde julio de 2011 se encuentra también eliminada. 

Debo añadir que en su día se introdujo para que los parlamentarios que apenas habían cotizado por permanecer en el exilio durante el franquismo, pudieran tener una pensión.

En cuanto al porcentaje de tributación de nuestra asignación, en modo alguno es cierto que lo hagamos al 4,5 %. Por lo que respecta a la mía personal, es del 29%.

En consecuencia, no tenemos sueldos vitalicios, ni pensiones vitalicias. Ni mucho menos tarjetas de crédito para nuestros gastos personales. No tenemos derecho a paro y en en enero de 2012, se eliminó un fondo de pensiones privado que las cámaras tenían concertado con una entidad financiera.


Sobre funciones y horarios: Los parlamentarios españoles tenemos a lo largo de cada legislatura periodos de sesiones anuales que se dividen en dos partes. La primera comprende los meses de febrero a junio de cada año. La segunda de septiembre a diciembre. Los meses de enero, julio y agosto no se celebran, en un principio, sesiones parlamentarias. Sin embargo, desde el principio de mi estancia en el Congreso de los Diputados (enero de 2009), no ha habido un solo mes de enero, julio o agosto que no hayamos tenido sesiones extraordinarias. Para el mes de julio de 2012, por ejemplo, ya tenemos proyectadas 2 sesiones. Los martes, miércoles y jueves son los días de la semana en los que se celebran sesiones plenarias. Generalmente, la primera semana de cada mes está exenta y los meses de abril y diciembre, debido a las festividades propias, eliminan una semana de pleno.

Debo añadir que cuando un parlamentario no se encuentra en su escaño generalmente se halla en su despacho preparando la intervención que corresponda, o bien negociándola con otros parlamentarios en los pasillos o salas del Congreso. Algunas excepciones habrá a esta norma, es posible, pero no la generalidad que muchos creen, todo lo contrario.

Pero el trabajo principal del parlamentario no se desarrolla en el hemiciclo, sin perjuicio de que mediáticamente sea el espacio más conocido de nuestra actividad. Las comisiones que conforman las dos cámaras tienen una actividad semanal y es donde se debaten muchas de las cuestiones principales. El trabajo en nuestro territorio o circunscripción ocupa el resto de nuestra actividad.

Pretender que solamente trabajamos cuando nos hallamos en nuestros escaños, sería como creer que un abogado tan solo lo hace cuando tiene un juicio, por ejemplo. Así pues, una labor importante consiste en visitar el resto de la semana las agrupaciones de nuestro propio partido para informar a los militantes de nuestra actividad. Reuniones con colectivos o ciudadanos. La preparación de las intervenciones de las semanas siguientes. La presencia en medios de comunicación, tertulias o redes sociales.

No es poco habitual atender a radios o televisiones durante el propio fin de semana o hacer visitas a ferias regionales o eventos sociales esos mismos días.

Quizás el problema se halla en que nosotros no hemos informado puntualmente de cuál es nuestra agenda de actividades aprovechando las herramientas que ahora se nos brindan para ello.




Transporte, equipo: nuestro desplazamiento para la función parlamentaria se abona por la cámara directamente cuando se trata de las compañías Renfe, Air Europa o Iberia cuando es en avión o tren. Si se trata de otras compañías, el abono inicial lo realizamos nosotros y pasamos la factura a los servicios económicos que nos la reembolsa pasados unos meses.

El Congreso de los Diputados tiene un acuerdo con la compañía Iberia (desconozco si con las otras también) por el que los vuelos en clase preferente tienen un importe similar o, directamente, inferior al de la clase turista.

Se da la circunstancia de que en muchas ocasiones cuando debemos conseguir un billete, tan solo quedan disponibles en clase preferente por el hecho de que cogemos siempre el primer vuelo disponible tan pronto hemos acabado las sesiones plenarias. Esperar al siguiente para conseguir un billete en clase turista puede suponer, especialmente para los mallorquines, ibicencos, menorquines y canarios, cuyo medio de transporte único es el avión, quedarse en Madrid un día más con toda la actividad finalizada. Eso tiene un coste económico y familiar que ha sido tenido en consideración.

No existe límite en nuestros desplazamientos siempre que sean debidos a nuestra actividad parlamentaria, sobre la que la Mesa de las cámaras lleva un control. En un principio, la normativa dispone que podemos cobrar una dieta de 120 € en desplazamientos por España y de 150 € en el extranjero. En los 3 años y medio que llevo como parlamentario no la he solicitado ni una sola vez, así como tampoco mis compañeros de escaño que han viajado conmigo.

Tenemos una tarjeta de Renfe y una Visa de transporte para poder comprar los billetes nosotros mismos cuando sea por cuestiones de urgencia y no se pueda realizar la gestión desde la propia cámara.

También disponemos de una tarjeta de taxi con 3.000 € anuales para uso de taxis solamente en Madrid. La cantidad no es acumulativa y si no se agota al término del año, tan solo se añade lo que resta al siguiente para llegar a la cifra antedicha. Generalmente, cuando dispongo de tiempo utilizo el metro. Sin embargo, al finalizar las sesiones para ir al aeropuerto por la premura suelo utilizarla (31 € desde el Congreso a Barajas), así como las noches que finalizamos las sesiones parlamentarias más allá de las 22.00 (casi cada martes).

Al inicio de la legislatura se nos entrega un Ipad 2 y un Iphone 4S (a los parlamentarios que tenemos el de la pasada, un Iphone 4, no se nos entrega uno nuevo). Al finalizar la legislatura, si deseamos quedarnos con el primero, debemos abonar una cantidad. La cuenta de teléfono corre a cargo de las cámaras. Cada parlamentario dispone de un despacho propio (8/9 m2) con ordenador de sobremesa. En mi caso, es el ordenador de la pasada legislatura que, a su vez, perteneció a otro parlamentario. Por supuesto, al finalizarla, el aparato permanece en  el Congreso. Comparto asistente junto con otros dos parlamentarios. Asimismo, cada escaño dispone de una terminal de ordenador que está encajada en el mismo. No hace falta añadir que tampoco nos lo llevamos a casa.

Las comunicaciones de todas las convocatorias y envíos de información y documentación se realizan a través de sms y correo electrónico. Desde que dejaron de realizarse en formato papel, las cámaras abonan el importe de una ADSL en nuestra vivienda hasta que dejamos de ostentar la condición de parlamentarios.

Por supuesto, la inmensa mayoría de los parlamentarios no tenemos coche oficial, correspondiendo éste tan solo a los miembros de la mesa y portavoces de grupo (20 diputados aproximadamente de 350).

Y esta es parte de la información que creo necesaria que conozcan los ciudadanos respecto a nuestras particularidades. Por supuesto, no es una enumeración exahustiva y con toda seguridad faltarán cosas, pero precisamente para ello tenéis este blog y mis perfiles en las redes sociales para preguntar todas las cuestiones que consideréis al respecto.


lunes, 4 de junio de 2012

El PSOE y la monarquía

Los últimos incidentes relacionados con Juan Carlos de Borbón de los que hemos tenido constancia, bien sea por cuestiones cinegéticas, bien por asuntos familiares, han impulsado el debate monarquía/república, sobrepasando incluso la tradicional y cada vez más tenue mordaza autoimpuesta por los medios convencionales. En la votación de los Presupuestos Generales del Estado 2012, se propuso una enmienda por parte del grupo La Izquierda Plural que pretendía reducir en un 20% la partida destinada la Casa Real. No son pocas las personas que me han preguntado por qué el PSOE decidió votar en contra de la citada enmienda, muchas de ellas del propio partido.

La relación entre los socialistas y la figura de la monarquía ha sido ambigua desde el restablecimiento de la democracia en España. Hay quienes acusan al partido de ser excesivamente gentil con la figura del rey. Otros tildan de traidora a sus principios a una formación política que fue clave para la instauración de la IIª República española en 1931.


Sin embargo, pocos saben que en los debates que se llevaron a cabo para la regulación de la Constitución de 1978, cuando se debatía si la estructura institucional de España debía orbitar en torno a una monarquía parlamentaria o una república federal, el PSOE votó a favor de ésta última y en contra del establecimiento del actual sistema. El compañero José María Benegas ha distribuido estos días el diario de sesiones de la antecesora de la actual Comisión Constitucional en la que, de forma más que brillante, el exdiputado Luís Gómez Llorente explicó los motivos por los que el partido votó a favor de una república como forma de organización política para España.  

Uno no puede evitar sorprenderse cuando lee el recuerdo a las palabras pronunciadas por Pablo Iglesias hace ahora más de 100 años en el hemiciclo: "No somos monárquicos porque no lo podemos ser; quien aspira a suprimir al rey del taller, no puede admitir otro rey". La síntesis perfecta de lo que suponía el socialismo de aquél entonces.

Lo cierto es que, desde la votación en aquella comisión y la posterior confirmación de una monarquía parlamentaria como sistema político, los socialistas nos hemos dedicado a prestar un fuerte apoyo a la figura del rey como Jefe del Estado por comprensibles motivos de pura responsabilidad institucional. Además, el legislador introdujo para un mejor blindaje de determinados preceptos constitucionales, un sistema pétreo para su posible reforma, el del famoso artículo 168 de la Constitución de 1978. En consecuencia, cualquier intento serio de introducir un debate real sobre la forma de organización estatal siempre es desestimado aludiendo a la imposibilidad técnica y política de su cometido.

En cualquier caso, el accidentado inicio de la década de los 80 en nuestro país y los cambios políticos del siguiente decenio, entre otras cuestiones, permitieron a la monarquía pasar con buena nota el siempre difícil examen de la ciudadanía. Como ya es sabido, la versión aceptada históricamente sobre el papel del rey en el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, le propició un cómodo estatus de defensor a ultranza de la legalidad democrática de nuestro país.

Es posible que en cierta medida esto haya propiciado que cualquier intento de crítica hacia la institución se haya valorado como radical desde el ámbito político, o bien ha acabado estrellándose contra el velo de protección mediática al que aludía al inicio del texto. Las excesivamente inofensivas biografías oficiales no han desestabilizado en modo alguno a la Casa Real (tampoco era su objetivo) y libros con material mucho más incendiario como el anónimo "Un rey golpe a golpe", han pasado muy desapercibidos entre la población en general.  

Dentro de este marco político y social, los socialistas hemos salido en defensa de la figura del rey en numerosas ocasiones, siendo plenamente conscientes de que es el apoyo del PSOE el que mantiene la estabilidad de la institución dentro del juego de equilibrios de España. Es evidente que desde el momento en que ese apoyo cesara, el debate se tornaría mayúsculo y habría que afrontar los retos que supone el mecanismo constitucional para la modificación atinente a la monarquía parlamentaria. No veo cercano todavía el momento en que esta situación pueda darse por múltiples razones que no son el objeto de estas líneas.

Pero, humildemente, pienso que quizás sí es necesario reflexionar sobre la extraña situación en la que se encuentra el partido en torno a esta situación. Es evidente y comprensible la necesidad de actuar con prudencia y elegir el tono y las palabras adecuados cuando suceden acontecimientos como el de la cacería africana de hace unas semanas. Pero ello no comporta que la Corona se encuentre exonerada de la crítica política y de la necesidad de acometer también sacrificios en un momento en que la mayor parte de la población está teniendo que aceptarlos sin opciones.

Y, por supuesto, hay una parte creciente de la ciudadanía, a juzgar por las últimas encuestas publicadas, que comprendería perfectamente que se actuara con menor indulgencia en referencia a las actividades de Juan Carlos de Borbón y su familia. Quizás ha llegado el momento en que debemos zafarnos del falso axioma según el cual no podemos formular según que cuestiones por el ya citado temor a desequilibrar la institución y, con ello, el país.


El argumento ha sido sumamente poderoso hasta el momento y, en algunos casos, con motivos más que fundados. Pero también es cierto que ha sido utilizado como excusa para no afrontar algunas cuestiones que están sobre la mesa. No creo que recordarle al rey la bondad de una mayor transparencia en la Casa Real y de sus actividades o, por ejemplo, que el presupuesto previsto para los siguientes ejercicios se verá sometido a los mismos recortes proporcionales que el resto de instituciones, suponga alentar el advenimiento de la IIIª República.

Más bien la opacidad que orbita en torno a su figura y la de su familia están generando el efecto contrario y, si hasta ahora había funcionado como elemento protector indispensable para su fortaleza, actualmente constriñe la necesidad de un mayor aperturismo y publicidad que ya existe desde hace tiempo en otras personalidades políticas de primer nivel, como el Presidente del Gobierno. Sin perjuicio de que en España todavía nos quedan enormes distancias que atravesar en materia de transparencia política.

Por ello, las posiciones políticas pueden adecuarse a lo que demandan los tiempos actuales. Una cosa es pedir un cambio de régimen político y otra muy distinta que la monarquía y la figura del rey deben someterse a ciertas reglas del juego, sin que por ello deba considerarse al partido como radical o extremista por sus exposiciones. Continuar aceptando el chantaje ideológico que predican algunos medios y partidos sobre este asunto, provoca la paradoja de que la crítica hacia la institución monárquica acaba recibiéndola el propio partido. Y ese es un lujo que solo pueden permitirse quienes gozan de invulnerabilidad política. No creo que nadie en nuestra sociedad, más allá de lo que puedan expresar normas de toda condición, pueda ahora ostentarla.

"La desgracia de los reyes es que no quieren escuchar las verdades."

Juan Jacoby.

martes, 20 de diciembre de 2011

EL DEBATE DE INVESTIDURA

Córdoba es una ciudad que no solo se caracteriza por su belleza, sino también por haber exportado a la cultura hispana algunos de sus más grandes filósofos: Séneca, Averroes y Rafael Guerra. Supongo que este último no será muy conocido para los amantes de Platón y Aristóteles, pero si le preguntamos a un connoisseur de la turomaquia reconocerá inmediatamente en su nombre al torero de los siglos XIX y XX y autor de frases tales como: "Cada uno es cada uno","Hay gente para todo" y la que justifica esta entrada "Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible". ¿Schopenhauer? ¿Kierkegaard? Nah: Rafael Guerra.


Ayer comenzó el debate de investidura de Mariano Rajoy como sexto Presidente de la democracia española. Su discurso, al igual que el de muchos portavoces, estuvo plagado de buenas intenciones, lugares comunes y guiños a determinados sectores de la economía nacional y mundial. No esperaba menos de un político cuyo mayor rasgo distinguible es la previsibilidad. Las propuestas genéricas que formuló, además, eran las que figuraban en su programa electoral por lo que resultaban conocidas por todos.


Sin embargo, hubo un pequeño matiz que supone, en mi opinión, un punto de inflexión importante dentro del contenido general que expuso Rajoy. La cifra de 16.500 millones de € que prevé reducir del déficit en 2012, supone una novedad discursiva que merece un análisis particular.


La cantidad mencionada no es baladí, así que lo primero que uno tiene que plantearse es cómo puede reducirse un desequilibrio económico de semejante magnitud con los datos ofrecidos ayer. Estamos todos de acuerdo en que hay muchas cosas que deben corregirse de nuestras Administraciones Públicas: las ineficiencias y las duplicidades competenciales son algunas de ellas. Pero cuando la parte del discurso destinada a las política fiscales únicamente menciona nuevas deducciones y bajadas de impuestos, es cuando uno hace números y estos no salen. Ayer Alfredo Pérez Rubalcaba cifró en más de 10.000 millones de €  la cantidad que las arcas del Estado dejarán de percibir con las rebajas impositivas propuestas.

Porque con la lucha contra el fraude fiscal no bastará para poder conseguir reducir el déficit en la cantidad propuesta. Y, entonces, es inevitable pensar que los recortes previstos en las AAPP conllevarán reducciones de derechos y prestaciones sociales. Aunque el PP, a pesar de su mayoría absoluta, todavía no se atreve a reconocer lo que pronto comprobaremos a través de Decretos Leyes.


¿Por qué el Partido Popular renuncia a poder exigir un mayor esfuerzo fiscal a las SICAV y a las grandes fortunas o las entidades financieras? No se trata de un anatema para los políticos conservadores ya que en otros países como Francia o Reino Unido, con gobiernos de derechas, perviven impuestos similares. Se trata, entonces, de una cuestión puramente política: no creen en la capacidad redistributiva de la fiscalidad progresiva como una herramienta útil para conseguir una mayor cohesión y justicia social. Y es que esta última, la justicia social, es imposible si no hay justicia fiscal.


En consecuencia, comprobaremos en los próximos meses que la fórmula de Rajoy pasa por lo que negaron una y mil veces en la campaña electoral. Que al pan, pan y al vino, vino significa que habrá recortes sociales en beneficio de la reducción del déficit, sin ningún tipo de contramedidas para que los cimientos del Estado del Bienestar no se resientan. Que a quienes no les afecta la reducción de las prestaciones en la sanidad y educación públicas, ni del subsidio de desempleo porque no lo necesitan, no van a tener que afrontar ningún esfuerzo, por pequeño que sea, para ejercer su solidaridad con los que más tienen.


Por eso, no puede ser que el PP cumpla sus previsiones sin coste social alguno. Es imposible. Y lo más grave es que, paradójicamente, serán esos sacrificios sociales los que sufragarán una crisis eminentemente financiera cuyos principales responsables lo que pretenden es acabar con los derechos sociales tal y como los conocemos.

Si Rafael Guerra fuera un parlamentario de este siglo, de este tiempo, le diría al Sr. Rajoy lo que todos vemos y ellos no reconocen públicamente: lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

EL FIN DE UNA ÉPOCA

Si alguien se toma la molestia de buscar en cualquier página en Internet frases que definan lo que supone la derrota, encontrará multitud de ellas que tienen como denominador común el intento de minimización de sus daños a través de juegos de palabras ingeniosos. Es loable y muy propio de nuestra condición humana tratar de justificar los acontecimientos a través de factores externos como método de expiación de nuestras culpas, al mismo tiempo que nos colocamos en disposición de volver a cometer los mismos errores que nos han llevado hasta sus brazos. Todos hemos utilizado este mecanismo (y yo el primero estos días en algunas de mis declaraciones), como ungüento para apaciguar el dolor.


Así, el "Yo no envié a mis naves a luchar contra los elementos" que se le atribuye erróneamente a Felipe II, sirve de coartada para enmascarar que al frente de la Armada Invencible (título irónico donde los haya) no había un comandante preparado para conducir las naves adecuadamente a través de esa tormenta. O que éstas no eran todo lo guerreras y gallardas que se les presumía. Incluso que los británicos no eran el ejercito de pusilánimes y corsarios que pretendía asegurar la propaganda española de entonces.


Y por ello, los socialistas ante los resultados del pasado 20 de noviembre de 2011, no podemos justificar únicamente la espantada de votos que hemos tenido por la crisis económica que padece el mundo y nuestro país desde hace ya unos años. Sobre todo porque cuando el objetivo es levantarse y volver a andar, el primer paso que debemos dar es reconocer que antes hemos tropezado.


Las circunstancias económicas han sido el marco en el que se han desarrollado los acontecimientos sobre los que el PSOE ha tenido el papel de ilustrador principal. A nosotros nos correspondía la titularidad del Gobierno de España y de algunas de las CCAA más importantes del país. Y ha sido las decisiones que hemos adoptado las que nos han llevado a perder una parte muy importante de la confianza que los ciudadanos depositaron unos años antes en nosotros.


Éramos conocedores de esta situación y, sabiendo que el votante elige en función no de las promesas electorales, sino de los incumplimientos y de las gestiones realizadas en los años anteriores, nuestra campaña se había centrado en tratar de recuperar esa confianza perdida, así como en evitar la desabandada hacia la izquierda que ha sido nuestra verdadera sangría. Pero ya era tarde. 


Así que mi intención es enumerar algunas de las claves que explican los resultados obtenidos mientras, con toda humildad, sugiero cuáles podrían ser posibles soluciones que podemos aplicar en el futuro. Allá voy.

- La comunicación: a nadie se le escapa que el desequilibrio de medios afines entre izquierda y derecha en este país, es enorme. No quiero profundizar sobre decisiones que se tomaron en el pasado en esta materia, pero lo cierto es que los socialistas partimos muchas casillas por debajo de nuestros adversarios en cuanto a capacidad de impacto mediático. Con estas reglas del juego ya establecidas de antemano, es evidente que ante una situación tan complicada como la que atravesamos cualquier decisión que se adopte pasar por un ejercicio propagandístico y pedagógico proporcional a su importancia política.

Y ahí hemos fallado sin excusas posibles. Esta legislatura he podido comprobar como muchas de las decisiones correctas que adoptábamos contra la crisis como el PLAN E, la reforma de las políticas activas de empleo o la introducción del modelo alemán en la reforma laboral, eran completamente ninguneadas por los medios hostiles, ignoradas en gran parte por los propios y, sobre todo, por los militantes y ciudadanos. Ante esta circunstancia hubiera sido necesaria una labor de partido que no hemos llevado a cabo. No basta con realizar declaraciones dos días en emisoras o televisiones locales; no basta con escribir artículos en los diarios regionales; no es suficiente con explicarlas en las tertulias familiares o con amigos que podamos tener. Hay que hace eso y más a la vista del desconocimiento general que se tiene sobre éstas.


Por otra parte, otras cuestiones como la subida del IVA, la congelación de las pensiones y la bajada del 5% de promedio de los sueldos de los empleados públicos, más complejas de entender por quienes se vieron perjudicados por ellas (con el IVA, todos) han adolecido del mismo defecto: falta de explicación. Durante esta campaña electoral, cuando alguna persona me ha preguntado por ellas, al atender las explicaciones ha comprendido mejor el por qué de su adopción. Que el IVA español estaba muy por debajo de la media europea y que aún con el incremento sigue estando a 4 puntos, por lo tanto, una reforma estructural necesaria; que en cuanto a las pensiones, solamente se congelaban las contributivas durante un año y que en todo el mandato de ZP se habían incrementado muy por encima del periodo de Aznar; que la bajada de sueldos era la alternativa más suave al eventual despido de funcionarios que otros países acometían (Reino Unido, más de 500.000 y Rajoy diciendo que le "gustaba mucho" el plan de Cameron; Grecia más de 30.000; 25.000 en Irlanda). Y, como explicación general adicional, que nuestra situación como miembros de la UE y de la zona €, comporta un menor margen de maniobra propia que el de un país como Canadá, por ejemplo.


Cuando se adoptan decisiones de este calado, se tienen que machacar e introducir a fuego las explicaciones en las mentes de las personas hacia quienes van dirigidas, repitiéndolas todas las veces que sean necesarias. Visitando tantas agrupaciones como tenga el partido. Atendiendo a todas las peticiones informativas que se produzcan. Reincidiendo en estas acciones cuando ya creemos que todo está bien explicado. Y, además, de manera coordinada. Los parlamentarios que aprobamos estas medidas fuimos los primeros que deberíamos habernos puesto la mochila a nuestras espaldas y calzarnos las botas de campaña. No supimos verlo en su momento aunque era difícil, porque hasta ese momento estudiar el día antes del examen siempre nos había bastado.


Por lo tanto, la labor de partido desde la proximidad y la participación de la militancia era fundamental para encarar la situación. Lo que se dice, "hacer calle".

Al mismo tiempo, a nadie se le escapa que ante el cambio de paradigma que constituye la aparición de las redes sociales, los progresistas contamos con una magnífica herramienta de compensación del desequilibrio mediático aludido. Por primera vez en mucho tiempo, somos capaces de hacer llegar al resto de la ciudadanía la información sin pasar por filtros interesados, al tiempo que permitimos que las dudas que puedan generarse las solventemos al instante o en un plazo mucho más breve de tiempo. Sin embargo puedo afirmar sin dudarlo que más de la mitad de los cargos orgánicos e institucionales del PSOE todavía hoy no tienen un perfil en redes como facebook o twitter, cuando no lo usan exclusivamente para cumplir el trámite.


En consecuencia, creo que el partido debe hacer un intenso ejercicio de reflexión sobre estas cuestiones y enmendarlas. Una Secretaría de Comunicación en las ejecutivas como supervisora y coordinadora de las mismas podría ser un buen comienzo.


- Socialdemocracia: algunos han planteado que es necesario un profundo planteamiento ideológico para hallar las respuestas necesarias a los retos que nos plantea la coyuntura actual. No soy de esa opinión. Considero que la lucha por la igualdad de oportunidades a través de la consolidación del Estado del Bienestar y de las políticas fiscales, es plenamente posible. Que la cohesión y la justicia social son más necesarias que nunca cuando las desigualdades no hacen más que aumentar. Y que, sin el internacionalismo de nuestras propuestas, muchas de ellas devienen en utopías en un mundo globalizado.

Quien haya tenido oportunidad de leer a Eduard Bernstein,  concluirá que no hay nada que variar de su discurso de hace ya más de 100 años. Pero no hace falta remitirse a tiempos lejanos. El excelente "El socialismo de lo pequeño" del compañero José María Benegas ya incidía hace 15 años en la total vigencia de nuestra ideología.


Sin embargo, el problema no es de raíz o génesis. Sino de práctica. Y es que la socialdemocracia es perfecta en su concepción, pero raras veces la hemos visto aplicada sin fisuras en las instituciones que gobernamos. Así pues, cuando comprobamos que la tendencia fiscal en España ha sido la rebaja durante muchos años; que las grandes empresas pagan tipos reales menores que las PYMES; que el fraude fiscal se comete a gran escala por las grandes fortunas de este país y que todo ello repercute finalmente en la correcta manutención del Estado del Bienestar y, en consecuencia, de sus prestaciones, no podemos evitar sentir cierta decepción con nosotros mismos. A todo ello debemos sumar la trampa que constituyó creer a pies juntillas que una mayor libertad y desregulación para los mercados repercutía en más ingresos para el Estado, por lo que se podían pagar las políticas sociales también de esta manera. Tras unos años de espejismo hemos comprobado de manera rotunda lo erróneo de tal planteamiento.


Entiendo, por lo tanto, que no necesitamos buscar en otros costales de harina para hallar las respuestas, sino que estas se encuentran donde siempre han estado: en nuestra casa. Tan solo se trata de permanecer en ella todo el tiempo posible.


- Europa: las dos cuestiones anteriores, me llevan a la última de todas y a la pregunta que muchos nos formulamos en el momento actual ¿Es posible ser un país socialdemócrata en una Europa liberal y un mundo globalizado? Haciendo un ejercicio de honestidad, la respuesta debe ser NO. Cuando es un Parlamento europeo el que traza los márgenes por los que deben discurrir gran parte de nuestras leyes, es lógico que el color político del mismo determine el escenario sobre el que transcurren los acontecimientos. Y hace años que Europa es conservadora. Pero es que  ¿De qué nos sirven unas políticas fiscales progresivas y redistributivas si luego otros países comunitarios tienen unos tipos completamente insolidarios como el caso de Irlanda y su impuesto sobre sociedades? ¿Cómo podemos evitar la evasión fiscal si convivimos con Estados bancarios como Andorra, Suiza, Mónaco y demás paraísos fiscales? Poco pueden hacer nuestras políticas reguladoras laborales si otros países en Europa y el mundo tienen una normativa más atractiva para las empresas que permitan la deslocalización de las fábricas.


Los socialistas europeos debemos comenzar a poner coto a esta situación por una cuestión de pura supervivencia de nuestras ideas. Las próximas elecciones europeas son una oportunidad magnífica para poder confluir con un programa de puntos comunes irrenunciables como la armonización fiscal, la eliminación de los paraísos fiscales en Europa, la introducción de la Tasa Tobin, de los eurobonos y de las agencias de calificación de deuda públicas.


- Conclusión: Hay muchísimas más cuestiones como la introducción de mecanismos de participación mucho más abiertos que los actuales en el partido. Estamos anquilosados en estructuras anacrónicas. El partido debe ser un ente vivo, atractivo y dinámico que permita no solo una mayor implicación de los militantes, sino también de los que pueden aportar sin necesidad de tener un carnet. Tenemos que ser el partido del que nos decimos orgullosos de militar.


Nuestro legado e historia me permiten mirar hacia delante con optimismo y esperanza porque siempre hemos salido adelante cualquiera que fuera el reto que hemos tenido ante nosotros, pero también tengo muy claro que el debate de todas las cuestiones que planteo no debe darse solamente en los próximos meses o semanas, sino que comenzó el día 21 de noviembre de 2011 y que aquellos que no quieran formar parte, están ya fuera de él. Confío en que todos queremos hacer mejor algo que decimos amar tanto.

viernes, 28 de octubre de 2011

SIN TRABAJO, NO HAY RECOMPENSA

Siempre recordaré el día en que me afilié al Partido Socialista Obrero Español. Era el mes de mayo de 1995 y la sede en la que firmé el documento se encontraba en la Plaça de la Pescateria, al lado de la calle Colom. Es curioso. La paloma siempre ha sido símbolo de esperanza. Después visité durante mucho tiempo la sede que estaba en calle Pureza. Ahora la actual se ubica en la calle Miracle. Esperanza, pureza, milagro.


Eso es lo que necesitábamos en aquél entonces. Poco menos que un milagro. Los diarios amanecían cada día con noticias relacionadas con los GAL, Roldán, fondos reservados y el desgaste de 13 años de gobierno de un Felipe González acosado por los escándalos y una situación económica difícil. La victoria de José María Aznar en los comicios del año siguiente se daba por segura en casi todas las encuestas.


La historia es bien conocida por todos. Finalmente el Partido Popular ganó aquellas elecciones por tan solo 300.000 votos de diferencia. A pesar de la dificilísima situación que los socialistas afrontábamos, fuimos capaces de no resignarnos ante quienes nos daban por muertos y presentamos batalla. Y la dimos. Casi, incluso, la ganamos.  Muchos dirán, “Era Felipe”. Y yo digo, sí, era Felipe, pero también era el PSOE.




Nada es más ilustrativo que remontarse a la historia de estas siglas centenarias, para comprobar que la trayectoria del socialismo español está plagada de lucha, sacrificio, trabajo y momentos complicados. Nunca nadie nos ha regalado nada. Desde la fundación del partido el 2 de mayo de 1879, hasta la toma de posesión de Pablo Iglesias de su escaño en 1910 (el único). Desde la primera manifestación reclamando una jornada laboral de 8 horas el 1 de mayo de 1890, hasta la larga travesía en la clandestinidad y el exilio durante el franquismo.


Los motivos de la pervivencia de nuestras ideas a lo largo de todo este tiempo son varios, pero entre ellos está sin duda la universalidad de su mensaje. No son necesarias condiciones geográficas, sociales, económicas o culturales de ningún tipo para defender la democracia y la igualdad de oportunidades. El objetivo que perseguimos se sitúa por encima de las diferencias, pues pretende salvar los obstáculos que éstas generan.


Y ahora nos encontramos en un mundo en el que esas diferencias se están agrandando de nuevo de un modo intolerable. Nos enfrentamos a la pervivencia del interés general y colectivo por encima de los intereses individuales. En el individualismo no hay más doctrina válida que la ley del más fuerte. No conduce a ningún otro lugar: si no garantizas las condiciones para que todos puedan participar de igual modo o, al menos, tengan la oportunidad de participar, ganan siempre los mismos.


Nuestros adversarios conocen muy bien de nuestra capacidad cuando nos movilizamos. Y temen esa capacidad. Intentan que no haya debate ideológico. Que no se conozcan sus ideas. Porque saben que la mayor parte de los ciudadanos no aceptan sus ideas. Quieren ganar unas elecciones democráticas, sin participar lo más mínimo.


Por eso, ante este reto histórico, los socialistas no podemos renunciar a batallar por nuestras ideas que son hoy más necesarias que nunca. Se lo debemos a muchas personas que han luchado en el pasado; se lo debemos a todos aquellos que podamos haber decepcionado; a quienes buscan un motivo para confiar en nosotros; a nosotros mismos.


Este párrafo final es un mensaje para el Partido Popular: estamos aquí. Queremos ganar estas elecciones. Vamos a continuar trabajando para que así sea. Nadie va a poder reprocharnos, el no haberlo intentado si finalmente no es así.



domingo, 9 de octubre de 2011

SOBRE EL IVA TURÍSTICO

Mucho tiempo sin escribir aquí, quizás demasiado. El motivo por el que he decidido volver a hacerlo, aprovechando el marco de ultraactividad política en el que me encuentro, es la anunciada propuesta del Partido Popular de reducir el IVA que se aplica al sector turístico, denominado "IVA turístico", al 4%, es decir, el tipo súper reducido de nuestro sistema.


Es una cuestión que se ha planteado en muchas ocasiones en el Congreso de los Diputados durante esta pasada legislatura e incluso en el Parlamento europeo, y sobre la que los socialistas siempre nos hemos negado en esos ámbitos por los motivos que a continuación expondré.


Sostiene el PP que una rebaja del IVA aplicable al sector, actualmente el 8%, supondría una estímulo importante para las ventas al poder ofrecer precios más asequibles los turoperadores, hoteleros, compañías aéreas y demás. Parten de la premisa de que esta reducción se aplicaría de manera integral al importe a abonar por los clientes, o bien en gran medida.

Lo cierto es que experiencias anteriores de carácter similar, como la reducción al 50%  para los residentes baleares de los precios de billetes de transportes que conectan con la península, o bien la bonificación de las tasas aeroportuarias, demuestran que no siempre se han traducido en un correspondiente descuento del coste final, sino que incluso en determinados casos ha sido aprovechado por algunas compañías para encarecer el importe correspondiente a su margen de beneficio.

Por lo tanto, esta particularidad debe ser tenida en cuenta a la hora de abordar la cuestión.

Hay otro aspecto igualmente caduco, en mi opinión, sobre la fórmula propuesta por los populares. Y es que si algo hemos aprendido en los últimos años en España es que no podemos entablar una guerra de precios con algunos de nuestros principales competidores en la materia. Porque ello conduce a una batalla perdida de antemano. El principal reclamo de nuestra oferta turística debe ser la calidad de nuestros servicios, la belleza de nuestro entorno y nuestra diversidad cultural por un coste competitivo, por supuesto, pero no suicida.


No podemos rebajar los precios en una loca carrera con países como Croacia, Grecia, Turquía, El Líbano u otros similares, porque finalmente nos aboca a lo contrario de lo que pretendemos. La mano de obra, el precio de la vida y la realidad económica de esos países les permite ofrecer unos precios que no están al alcance de nuestras posibilidades reales, sin perjuicio de que su oferta no sea comparable, especialmente en servicios, con la nuestra. El tratar de competir en ese terreno solamente nos conduce a situaciones tan poco deseables como el "todo incluido", cuando no a ofertas prácticamente insostenibles.


Sin embargo, el principal perjuicio de la propuesta gira en torno al coste social que puede llegar a constituir en el supuesto de que se aplicara.

Actualmente la cantidad generada por el IVA del sector turístico genera unos 30.000 millones de € anuales, según datos ofrecidos en el propio Parlamento. Si se reduce del 8 al 4% el porcentaje aplicable, es decir, un 50%, una sencilla operación matemática concluye que la cantidad a ingresar decrece hasta los 15.000 millones de €. Naturalmente, los conservadores señalan que la reducción permitiría precios más asequibles que incrementarían la demanda y que la supuesta pérdida de ingresos tributarios se compensaría de esta manera. Por tanto, la disminución debería conllevar un aumento porcentual y equitativo de la demanda hasta el 50% para poder obtener el mismo volumen de ingresos.


Si ponemos como ejemplo un billete de avión de 50 €, el IVA que actualmente se le aplicaría sería el 8%, 4 €. Si le aplicamos el 4% el IVA aplicable comportaría 2 €. Por lo tanto, el precio final del billete pasa de 54 a 52 €, en el supuesto de que la compañía emisora no pretenda aumentar su margen de beneficio y aplique íntegramente el descuento. ¿Alguien cree que la demanda de billetes de esa categoría se duplicaría por una reducción de precio semejante? Honestamente y en mi opinión, pensar algo similar roza la ingenuidad.


Pero vamos a ser optimistas y conjeturemos que en un escenario en el que todas las entidades del sector aprovechan la reducción del IVA y no aumentan sus márgenes, las ventas crecen considerablemente, no hasta el extremo de duplicarse pero si hay un incremento de la demanda importante. De los 15.000 millones de € que dejaban de ingresarse por la reducción, se recuperan 7.500 millones. Aunque es más que sensible el aumento, todavía dejan de percibirse otros 7.500 millones en las arcas públicas respecto a ejercicios anteriores. Dinero que se utiliza en pagar, en una u otra instancia, prestaciones sociales, inversión pública, escuelas, hospitales.


¿Y quién es el principal perjudicado de esa disminución de los ingresos tributarios? En primera instancia el Estado, que teniendo que ofrecer los mismos servicios obtiene menos financiación y, en segunda instancia, los ciudadanos destinatarios de los mismos. Porque el argumento perverso que venimos escuchando en los últimos años de la supuesta insostenibilidad de los servicios públicos, es el de su financiación deficitaria, la cual por una cuestión matemática se convierte en realidad cuando se limitan, reducen o eliminan las principales fuentes de ingresos públicos: los impuestos.


Así, el gran empresario se erige como el gran beneficiado por la reducción: sus ingresos aumentan con la correspondiente demanda y la carga fiscal que debe soportar por ello es menor que antes. Sin embargo, los salarios que perciben sus trabajadores siguen siendo los mismos, salvo que se produzca un aumento salarial a consecuencia de las ganancias, algo que casi constituye ciencia ficción en el mundo actual. Así la conserje de un hotel o el camarero que seguirán percibiendo1.000 € mensuales, por ejemplo, el empleado de la compañía aérea o la agente de viajes, ven como a la larga la sanidad pública, las escuelas gratuitas o incluso el subsidio de desempleo del que podrían beneficiarse como destinatarios principales se ve perjudicado por una medida que agranda aún más la brecha entre unos y otros.


En consecuencia, existen motivos más que justificados para oponerse a una medida de estas características. Debemos apostar por una política en materia turística de estímulo, reconversión de lo obsoleto y oferta de calidad, pero no a través de la reducción directa del IVA, sino de planes como el vigente en el que las exenciones se permitan para paliar perjuicios sociales (insularidad) o en momentos puntuales y sectores estratégicos, siempre y cuando no constituyan perjuicios como los ya apuntados.

lunes, 25 de julio de 2011

ROSEBUD

"Dime entre todas las facetas de tu vida, si tuvieras que elegir una, una sola, en cuál de ellas te gustaría triunfar por todo lo alto". "En la música".

El diálogo que antecede lo he tenido en innumerables ocasiones con montones de personas y esa respuesta, por supuesto, es lo que siempre he contestado sin ningún atisbo de duda. Recapitulando un poco en los archivos de mi vida, me percato de que a mis 34 años llevo 17 militando en la política, 10 en activo como abogado y 19, de un modo u otro, conectado a la música.  Es, con diferencia, a lo que he dedicado más horas de mi existencia y la pasión que siento por ella es tan irracional como corresponde a semejante palabra.




Todos podemos sentirnos identificados con una canción, una melodía, bandas, discos o artistas en concreto. Naturalmente, el goce de la música no es patrimonio exclusivo de nadie, pero si uno ha experimentado desde niño una vibración intensa, indescriptible, cada vez que comenzaban los acordes de una composición favorita; si ha sentido la necesidad acuciante de poner un tema desde el principio otra vez justo cuando acaba y repetirlo mil veces;  si ha pasado horas enteras desvelado en la cama escuchando canciones que te transportan a millones de kilómetros de distancia, que evocan escenas que solamente tienen lugar en ese recóndito lugar de la mente en el que se generan las fantasías, entonces, el paso siguiente, lo lógico, la evolución natural es aprender a tocar un instrumento.


Tenía 15 años cuando harto de manosear la guitarra de mi hermano mayor, que ponía del revés para tocar por ser zurdo, decidí que iba a tomarme en serio el tema de la música. Ante todo era fundamental escoger el instrumento adecuado. Guitarristas hay muchos, los ha habido siempre y seguirán siendo mayoritarios; la batería está muy bien, pero necesitas espacio y, si todavía vives con tus padres, mucha paciencia por parte de estos; cantar nunca fue lo mío y, además, el micro no es un instrumento; yo elegí ser bajista: había pocos, el bajo es más grande y espectacular que la guitarra y, para mí, tenía unas características que lo hacían sumamente atractivo: es difícil de percibir, no llama la atención, muchas veces solo lo intuyes, pero si falta en una canción, le falta el alma. Además, era el instrumento de Sid Vicious, todo un ejemplo a seguir para un chaval de esa edad que suspira por el lema por excelencia del Rock'n'Roll, con todo lo que conlleva...





Los primeros meses fueron tan iniciáticos como aburridos para todo aquél que no esté experimentándolo. Lo bueno comienza cuando tienes oportunidad de tocar en una banda. No importa que solamente sepas una canción. Es indiferente que toques desacompasado y desafinado. La sola sensación de ser parte y no público vale la pena y justifica cualquier sacrificio que hayas tenido que realizar para conseguir tu objetivo. En nuestro caso, el repertorio de aquellos primeros meses no podía ser más variopinto: "Sweet child o'mine", "The house of the raising sun", "Wonderful tonight" (?), "Johnny Be Good", etc.


Quizá sea una de esas cosas excepcionales que disfrutas tanto de hacer como de decir. Recuerdo explicar con cierta petulancia ante las chicas que tocaba en una banda, lo buenos que éramos y demás bufonadas. Naturalmente, tiendes a olvidar que a pesar de tus bravuconadas ellas no te ven con los mismos ojos con los que observaban a...Jon Bon Jovi, por ejemplo, pero siempre podías echar mano del recurso letal, infalible en estos casos: "He compuesto una canción pensando en ti". Generalmente no fallaba, aunque tampoco llegué a hacer como un buen amigo acostumbraba: cambiar el nombre de la dama de la composición en cuestión por el de la siguiente víctima, en función del éxito obtenido y así hasta conseguir la presa.


En cualquier caso, los ensayos tienen una única finalidad, más allá de pasarlo bien con los amigos: conseguir un repertorio que poder ejecutar en directo. Y la oportunidad se presentó cuando solo llevábamos 3 meses tocando. Ni más ni menos que en un festival multitudinario en el campo de fútbol de Calviá. 3 canciones a interpretar en diez minutos. Las elegidas fueron "Sweet Child o'mine", "The House of the rising sun" y una irónica composición mía sobre la novia de aquel entonces, "Athletic girl", ya que la chica era atleta y eso, para la rebuznancia rockera adolescente de la que hacía gala yo, era incompatible con el dogma a seguir.


A falta de un cantante nosotros mismos hacíamos las voces y en los ensayos bastaba con dar con el tono correcto del tema para salir adelante. Sin embargo, completamente  inexperto, no pude prever que los nervios me jugarían una mala pasada y que la tensión iba a estirar mis cuerdas vocales de tal manera, que cuando comienzo las primeras estrofas de la canción de Guns and Roses, lo hago en un tono tan agudo y erróneo que aquello se convierte en un despróposito. Recuerdo que las escasas personas que estaban en las primeras filas miraban preguntándose entre sí algo estilo "¿Es de verdad?". El bochorno incrementaba la tensión y no podía salir de la espiral. Miki, el guitarrista, me rescató y acabó la canción él para mi alivio y, especialmente, el de quienes nos escuchaban. Quizá debería haberme percatado que ir al baño a orinar diez veces...en 20 minutos...antes de subir al escenario no era algo muy normal. Pero no. Tardé bastante tiempo en superar los estigmas de aquella experiencia.


Afortunadamente, las siguientes ocasiones fueron mucho más fructíferas y mi evolución como músico seguía una curva ascendente. Me había apuntado a clases, tocaba varias horas diarias y estaba obsesionado con todo lo que fuera el grupo y la música. Conseguimos un repertorio amplio, con un buen equilibrio entre versiones y canciones nuestras e hicimos bastantes conciertos. Por entonces nos llamábamos The Muppets. Qué originales. Cada concierto era un acontecimiento, una fiesta, algo para lo esperábamos semanas. Nuestros amigos acudían fielmente a las citas y, por unos instantes, comprendías el significado de las palabras de Warhol y sus famosos 15 minutos de fama. No éramos nadie o, mejor dicho, nada más que jóvenes que creían vivir sus sueños, pero ya era suficiente para colmarnos.


Eso es algo que nadie podrá arrebatarme jamás. La ilusión inocente, desbordante e irresistible de creer, aunque solamente sea por un instante, que algún día podrás llegar a vivir de la música. Quien haya estado en una banda y no la haya experimentado, tiene pentotal sódico en las venas. Y eso que lo mejor estaba todavía por llegar, aunque esa es otra milonga que ya escribiré por aquí algún día. Pero nada volvió a ser como aquellos primeros años, desde luego.


Cambios de formación, de nombre, de repertorio, de local de ensayo, de bajo. Lo cierto es que cuando más experimentado es uno, se vuelve más profesional y pierde gran parte de la sensación lúdica tan pura del inicio. Comienzas a preocuparte por aspectos que antes ni siquiera te planteabas y las cosas se tornan en rutina. Como en una relación sentimental. Y existen muchas similitudes entre este tipo de relaciones y formar parte de un conjunto musical. Es lo que Paul Stanley denominaba en Kiss el "matrimonio a cuatro bandas": celos, rencillas personales, infidelidades, reproches. No es fácil estar encerrado muchas horas a la semana con otros tipos en un local de ensayo y caminar todos en la misma dirección. Siempre hay carácteres más fuertes que se imponen, luchas de egos. Control, dominación. 


Sin embargo, no puedo dejar de recordar aquellos días como algo increíblemente mágico e irrepetible. La música contiene un elemento desconocido, una fórmula secreta, que te permite experimentar vivencias y sensaciones muy difíciles de generar con otras materias. También presenta los elementos de ingratitud que afectan a otras disciplinas como en cualquier profesión y ya no digamos la política, pero en ella el resultado de la ecuación siempre termina siendo positivo. 




Por ese motivo, pase lo que pase en mi vida en los próximos años, creo que siempre tendré la sensación de que algo mío se quedó en ese lugar y en ese tiempo y que no podré volver para recuperarlo. Algo que fue mío por unos instantes pero que ahora se queda en el limbo de los sueños no alcanzados, esperando ser rescatado o revivido, pero que solamente puede ser revisitado a través del recuerdo o de la propia ensoñación. Larga vida al Rock'n'Roll.